El silencio (cómplice) frente a las agresiones contra periodistas
Sobre las agresiones a periodistas en México, no hay reporte que permanezca estable más o menos un tiempo razonable; la asidua ofensiva contra los profesionales de la comunicación --que ocurre desde diversos ámbitos-- implica que la base de datos de este portal se esté actualizando permanentemente. En nuestro reporte más reciente (“2016, otro año difícil para el periodismo mexicano”), hecho el 15 de junio, Angélica Recillas cuenta a seis periodistas muertos; ocho días después la cifra ascendió a ocho dado el asesinato de los reporteros Elidio Ramos (Oaxaca) y Zamira Esther Bautista (Tamaulipas). A ello hay que agregar las amenazas que, de parte de la Asamblea de Barrios, ha recibido nuestro colega Héctor de Mauleón debido a sus documentados trabajos sobre el tráfico de droga en la colonia Condesa de la Ciudad de México, además del secuestro que duró varias horas de dos trabajadores de TV Azteca, Fernando Albarrán (editor) y Pedro Enrique Cortés (fotógrafo), por pobladores de Asunción Nochixtlán, Oaxaca.
La ofensiva contra la labor periodística es cada vez más alarmante, pone en cuestionamiento el ejercicio de los derechos a informar y a estar informado, y expande aún más la estela de temor frente a la violencia y, en particular, el crimen organizado porque, además de todo, son actos de intimidación. Por ello hay que registrar la pasividad e incluso el silencio de amplias franjas de la sociedad que habitualmente destacan por su activismo político, y no nada más porque así muestran su perfil faccioso y militante, sino porque indudablemente son fuerzas menos con las que hay que enfrentar este embate contra la libertad de expresión.
Por donde quiera que se vea es reprobable el silencio que en los hechos se traduce en una suerte de complicidad porque implica la (abominable) aceptación tácita de que son válidas las agresiones contra los profesionales que no son parte de la prensa militante y más si estas agresiones provienen de esos mismos sectores militantes que no aceptan otra versión de los hechos más que la suya y que no saben más que tararear la vieja estrofa de prensa vendida. Es decir, para nosotros rechazar todos las agresiones contra todos los periodistas significa defender en serio la libertad de expresión.
Marco Levario Turcott
