La homofobia, el fanatismo y la estupidez humana

El fanatismo es la renuncia a pensar, a tender puentes con el otro sobre la base del respeto a la diversidad. El fanatismo pretende imponer una sola forma de ser y creer, y para ello busca incluso eliminar a ese otro mediante la violencia; todo en el nombre de preceptos religiosos, políticos o morales, aunque en realidad lo que priva es la estupidez, la miseria humana que busca suprimir al otro.
Ahora, en Orlando, Florida, el fanatismo religioso y la homofobia han generado un baño de sangre contra seres humanos que se divertían en un centro de baile; los mató, indefensos, mientras no pocos enardecidos fanáticos de todo el mundo celebran la fechoría (además ese acto fortalece en Estados Unidos la óptica autoritaria y xenofóbica de Donald Trump).
Esto ocurre en un contexto en América Latina, hasta ahora alentador y vale la pena seguir en esa ruta: la ampliación de los derechos y, en particular, de los derechos de los homosexuales como consta con el matrimonio igualitario que poco a poco se ha ido abriendo paso e incluso en nuestro país es inminente su aprobación, aunque la santa cruzada de la iglesia hará todo para impedirlo.
Como sea, la respuesta en Estados Unidos y en México debe ser ampliar las libertades y los derechos, hacer más solidas al respecto las normas y las leyes, y evitar que permanezcan impunes quienes atentan contra esas libertades y derechos. Que viva la diferencia y sobre esa base la interacción de hombres y mujeres, homosexuales y heterosexuales, negros o amarillos, creyentes o agnósticos; ese esfuerzo civilizatorio es el que nos da sentido como seres humanos.
Marco Levario Turcott
