Editorial

No renunciemos a la inteligencia

Por Marco Levario Turcott ·

Exigir la renuncia del Presidente es una manera de renunciar a la inteligencia y la razón con las que podría emprenderse una política opositora consistente y seria. Esas proclamas tienen eco debido a estrategias de propaganda que pretenden detonar sensaciones (no reflexiones) para azuzar al mismo tiempo que usar como masa de maniobra a legiones digitales. Antier en Milenio diario Gil Gamés expuso a uno de los promotores de proclamas que carecen de pies y cabeza pero que se arropan en el lenguaje políticamente correcto y cierto enojo social. Ese tipo de campañas tienen efecto en la apariencia digital –para la presión mediática y el chantaje-- aunque, en realidad, no conmueven al poder; la megamarcha convocada en la ciudad de México para exigir la renuncia de Enrique Peña Nieto no rebasó las cuatro mil 500 personas, según los propios organizadores.

La versión más reciente de esas campañas de propaganda en las que participan varios medios de comunicación es culpar a la gestión presidencial de la devaluación del peso (y de todo lo que se pueda pues al fin eso siempre será visto –en tales reductos militantes y en franjas sociales con precaria cultura política-- como posturas supuestamente progres aunque sean tan limitadas e ineficaces).

La realidad es más compleja (aunque se pretenda evadir tal complejidad con proclamas) y no pueden achacarse las adversidades a un solo hombre –si hay honradez intelectual y ética-, ya no existe el presidencialismo aunque la política militante mantenga esa interpretación vetusta que, en el fondo también, es complaciente con los demás actores políticos y líderes que son parte de las instituciones, incluso aunque algunos las manden al diablo. Por eso uno de los enormes límites que tienen esas prácticas militantes es que supuestamente son muy críticas pero agachan la cabeza y no hablan de las grandes fallas de las administraciones de otros partidos ni dicen nada de las pifias informativas antigubernamentales y menos aluden al líder que reduce todos los males a una mafia en el poder, a un solo enemigo, vamos, porque ellos mismos es lo que hacen, lo concentran todo contra un adversario y exigen su renuncia. Su orfandad intelectual es notoria aunque hagan mucho ruido con matracas y arengas digitales.