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La nueva Estrategia de Seguridad Nacional, el documento que fija los riesgos para la seguridad de España y los medios y medidas para hacerles frente, que hoy aprobará el Consejo de Ministros, incluye por vez primera las “campañas de desinformación” como una de las formas de la llamada guerra híbrida. El documento evita citar a Rusia, aunque los expertos atribuyen al Kremlin las interferencias en las elecciones de Estados Unidos, el Brexit o la crisis catalana.
El Gobierno ha sido extremadamente cauto al evitar atribuir a Moscú la autoría de las noticias falsas que inundaron las redes sociales en los últimos días de septiembre y principios de octubre. Se ha limitado a constatar que un 50% de los perfiles que difundieron estas fake newsprocedían de servidores alojados en territorio ruso y un 30% se replicaron desde Venezuela.
La Estrategia de Seguridad Nacional 2017, que sustituye a la vigente desde 2013, no entra en detalles, pero aporta un nuevo enfoque al recordar que las “campañas de desinformación” no son un hecho aislado sino que forman parte de una estrategia planificada: la llamada guerra híbrida, que combina desde las fuerzas convencionales hasta la presión económica o los ciberataques. Sin profundizar en este espinoso asunto, el texto alude al triunfo de la posverdad, que intenta movilizar las emociones desdeñando el rigor de los hechos.
Aunque la Estrategia evite citar a Moscú, fue Rusia la que con más éxito aplicó la guerra híbrida con la anexión de Crimea por los hombrecillos de verde en 2014 y también la que ha recurrido a la difusión masiva de noticias falsas para interferir en las elecciones estadounidenses, el referéndum del Brexit o la crisis catalana; mientras que la posverdad tiene en el presidente Trump a su mejor apóstol.
Precisamente, la victoria de Trump, el conflicto de Ucrania (con el resurgir de la tensión entre Rusia y la OTAN), el Brexit, el auge y caída del califato del ISIS, la crisis migratoria, el órdago nuclear de Corea del Norte y la extensión de los ciberataques son los principales cambios en el panorama mundial de los últimos cuatro años a los que la Estrategia intenta dar respuesta.
Entre sus objetivos figura la mejora del sistema de gestión de crisis. El Gobierno cuenta con una arquitectura de órganos de apoyo al Consejo de Seguridad Nacional, presidido por Rajoy. Pero el texto reconoce la necesidad de completarla y mejorar la coordinación. No en vano, el Consejo de Seguridad Nacional no se reunía antes de este viernes desde enero pasado, lo que supone que ha estado ausente de las grandes crisis que han sacudido España este año: los atentados yihadistas de agosto en Barcelona, los primeros en suelo español desde 2004, que dejaron 16 muertos; y la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) del Parlamento catalán el pasado 27 de octubre.
El segundo gran objetivo que fija la Estrategia es mejorar la cultura de seguridad nacional —es decir, la conciencia en la sociedad española de los riesgos a los que se enfrenta y la necesidad de hacerles frente—, por lo que su aprobación se ha acompañado de un vídeo publicitario (que se puede ver al inicio de este artículo).
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