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Felix Mendelssohn. Este genio absoluto de la evocación musical fue también un maestro del género sinfónico. Precisamente ambas facetas informan el registro de hoy, con su mejor obertura de concierto (en mi opinión) y sus dos sinfonías más celebradas. Me refiero a la Obertura “Las Hébridas”, conocida también como “La Gruta de Fingal”, y las Sinfonías número 3, “Escocesa”, y número 4, “Italiana”.
La elocuencia de Mendelssohn para caracterizar atmósferas encontró alas en su “olfato instrumental” —uno como pocos han tenido—. Sabía obtener lo mejor de cada timbre instrumental, ora asociándolo a otros, ora llevándolo a su plena individualidad, sin nunca forzarlo hasta los límites de su capacidad. Alguien lo llamó su “áureo término medio”. A ello concurren además elegancia innata y una gratísima noción de transparencia sonora, en el sentido de nunca sobrecargar las texturas orquestales.
Finalmente, existe algo en Mendelssohn que podríamos denominar “ausencia de dolo”: no burla al auditor ni lo deja perdido a mitad de camino ni quiere rendirlo con prestidigitaciones, en cambio, entrega aquello que anuncia. Y eso vuelve a su música especialmente placentera. Si alarga a veces las frases o reitera alguna armonía o evade una conclusión directa, es porque así llegará a algo mejor. Era un creador expresivo y hasta chispeante, pero nunca un manipulador.
Les ofrezco, pues, el arte de Felix Mendelssohn en versiones ejemplares: Sir Alexander Gibson y la Orquesta Nacional de Escocia para el segmento escocés de nuestro programa, y James Lockhart junto a la Filarmónica de Londres para el segmento italiano...
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