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Por etcétera ·

En las últimas semanas hemos viajado mucho, quizás demasiado: siguiendo la historia del violín, salimos de España para aterrizar en Nápoles y de ahí subir lentamente hacía el norte de Italia, entre Milán y Venecia, con una pausa especial en Ferrara. Y justo en esta región hoy nos vamos a detener, porque aquí, entre los apeninos que rodean Bolonia y los aquitrinos de la boca del río Po, nació en 1653 un compositor muy especial, un compositor que fue capaz de transformar el violín en el verdadero protagonista de la música barroca italiana y europea. Este compositor se llamaba Arcangelo Corelli.

Arcangelo Corelli nació en Fusignano, un pequeño pueblo cerca del mar Adriático que en esos años pertenecía al estado de la Iglesia aunque económica y culturalmente dependía tanto de Ferrara como de Bolonia. Entre estas dos ciudades el joven Corelli fue acercándose a la música con impresionante rapidez: 1670 entra en la Academia Filarmónica de Bolonia, misma que un siglo después recibirá el joven Mozart como alumno del famoso Padre Martini. Pero Arcangelo y su violín necesitaban un ambiente aún más vivo y dinámico: por esta razón en 1671 decide mudarse a Roma, para trabajar al servicio de las familias Pamphili y Ottoboni como compositor y encargado de las actividades musicales, puesto que compartirá con el joven Handel. Sin embargo, después de un fabuloso ascenso inicial, Corelli lentamente acabará por ocupar una posición, año tras año, más aislada y lateral en un mundo musical demasiado veloz y deseoso de novedades: pasará sus últimos años en soledad en las afueras de Roma, hasta su muerte en 1713.

Sesenta años de vida y un catálogo de obras que podrían contarse con los dedos de una mano, o casi: surge espontánea una pregunta ¿cómo pudo Corelli ser tan determinante en la historia de la música con tan solo cuatro ciclos de sonatas para cuerdas, un ciclo de sonatas para violín y bajo y uno de concerti grossi? Escuchemos una obra, una sola y busquemos en ella la respuesta: les propongo el concerto grosso n. 4 op. 6 en re mayor.

Concerto grosso era una forma de concierto ampliamente usada en el Barroco italiano en donde el material musical se estructuraba en un diálogo entre concertino (solistas: dos violines y chelo) y ripieno (todos los otros instrumentos, es decir, violines I y II, violas, chelo y contrabajo más, obviamente, el clavecín). Corelli fue el primer compositor en usar este nombre para dicha forma musical cuando en 1709 compuso doce concerti grossi, publicados en 1714 en Amsterdam, lugar de donde comenzaron a viajar por toda Europa, junto a las sonatas op. 5 publicadas en 1713.

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