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Por etcétera ·

Don Fernando Benítez (1912-1998)es figura clave del periodismo cultural en México. Escritor y periodista trabajó en las fronteras de la Historia, la Etnología, la Literatura y el periodismo: lo que no era común en su época. Sus múltiples intereses intelectuales y artísticos y su actitud tenaz para comprender su presente, con recursos contemporáneamente válidos, lo convierten también en un espécimen precursor de la modernidad cultural mexicana.

Un apasionado de la Historia

Hablar de don Fernando emociona y abruma. Emociona porque gracias a su maratón editorial formó a varias generaciones de culturattis e innumerables lectores. Abruma lo voluminoso de su tarea. A don Fernando —tan productivo como polémico— se le puede celebrar como escritor, reportero de largo aliento, cronista a ultranza y como un asceta de la autodidáctica en etnología, antropología e Historia. Él nunca se dejó atrapar en la telaraña, eventualmente empañada, por lo convencional de las taxonomías genéricas o académicas. Sus libros históricos son reportajes retrospectivos: Caballo y Dios (1945), La Ruta de Hernán Cortés (1950), Cristobal Colón (1951), China a la Vista (1953), La Vida Criolla en el Siglo XVI (1953) posteriormente publicada como Los Primeros Mexicanos (1962), El Rey Viejo (1959), La Ruta de la Libertad (1960) La Batalla de Cuba (1960), la enciclopédica:

Historia de la Ciudad de México (1982). El Sexo y la Religión en la Nueva España (1985) que es un tratado sobre las tentaciones conventuales de nuestro siglo XVI: “el más obsceno y el menos conocido”. Crónica del Puerto de Veracruz (1987 en coautoría con José Emilio Pacheco) y el Libro de los Desastres (1988) algunos son también textos literarios que agregan la fluidez, la amenidad y el interés informativo del buen reportero.

II. Benítez, el mago de los suplementos

Enfáticamente: Benítez es puntal imprescindible del periodismo cultural, en el México del siglo XX. Cualquier historia del periodismo cultural debe incluirlo, so pena de desvertebrarse, como figura axial. Algo de aquel periodismo combatiente de la generación liberal se advierte en este editor cultural. Su labor periodística, pluma en ristre, como promotor de diversas aventuras editoriales, desde su ingreso a El Nacional en 1936 (diario del que después sería director), se sostuvo en su labor hasta 1990. Durante los años cuarenta en la página editorial que él dirigía para El Nacional tenía entre sus colaboradores a Aníbal Ponce de Argentina, Juan Marinello, Nicolás Guillén de Cuba, y la mayoría de los escritores españoles del exilio. Hay que mencionar el suplemento del mismo diario que dirigía Juan Rejano, islote entre los diarios nacionales, y referente que apostaba al rigor cultural.

Así, de los cuarenta hasta el fin de los ochenta, de El Nacional al suplemento cultural México en la Cultura en Novedades (1949-1961) y tras la censura de este diario, la renuncia colectiva y la fundación de La Cultura en México, de 1962 a finales de los setentas, suplemento de ¡Siempre (revista dirigida por otro personaje central: don José Pagés Llergo) y luego el primer Sábado (1976-1984 eso dice mi memoria) del primer Unomasuno, y hasta la primera Jornada Semanal que inicia en 1984, Benítez concitó, durante tres generaciones, a personajes claves de la llamada, a mediados del siglo pasado, comunidad intelectual: escritores, periodistas, teóricos sociales, ideólogos, críticos culturales y artistas en general.

Durante décadas los mencionados suplementos encabezados por Fernando Benítez, Premio Nacional de Lingüística y Literatura 1978, constituyen casi en solitario —si no olvidamos las apariciones y desapariciones de revistas memorables— sucesivos islotes, cercos contra la necia marea de la mediocridad, que conectaban al lector mexicano con retículas nacionales y extranjeras, críticas e innovadoras, del pensamiento social y del arte. ¡Hace cuarenta años! en entrevista de Conversaciones con escritores (1972) de Federico Campbell, Benítez describía el patético estado del periodismo cultural en México en los años cuarentas, década de la Segunda Guerra y la posguerra:

“Pensaban que la cultura era reseñar con la necesaria banalidad lo que ocurría, en hacer recenciones inocuas de libros, teatro o música (…) si condenábamos la fábrica de churros llamada cine, protestaba la industria. Si nos ocupábamos de la censura previa en el teatro, protestaba el Departamento Central (…). En realidad ningún periódico estaba preparado ni cultural ni técnicamente para realizar una convincente difusión cultural de alto nivel. La crítica es una parte de la cultura y su ausencia sigue siendo el talón de Aquiles de la cultura mexicana”.

En general el periodismo de Benítez y sus compañeros de navíos de papel, que repito, pertenecen a varias generaciones, mantuvo una posición plural y fomentó la libre circulación de las ideas como una señal de salud periodística.

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