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Si Manuel Gutiérrez Nájera (1859-1895) forma parte integral del movimiento modernista o no es cuestión que continua siendo un debate entre los investigadores.
Por un lado, se dice que Nájera es de alguna forma uno de los iniciadores del Modernismo. José Olivio Jiménez apunta en su Antología crítica de la poesía modernista hispanoamericana que en el año 1882 se publican las crónicas periodísticas, después recopiladas en Cuentos frágiles de 1883, marcando así el inicio de la narración modernista. Sin embargo, por otro lado y en torno al género de la poesía, se argumenta que Nájera es meramente un romántico sentimental (Rivera-Rodas). En una investigación extensa y a manera de organización temática de los poemas de Nájera, José María Martínez en su investigación “Los heterogéneos vagidos del cisne: los comienzos del Modernismo en la poesía de Gutiérrez Nájera” propone analizar los inicios del Modernismo por medio de la poesía de Nájera, o bien la transición que Nájera marca entre el Romanticismo y el Modernismo (351).
Para acercarnos al contexto histórico, Martínez nos explica dos grupos de factores en torno a lo que provocó el ya mencionado movimiento literario. Por un lado, los factores extraliterarios: nuevos sistemas de pensamiento que devinieron en anulaciones de ideologías, el Romanticismo aniquiló al racionalismo ilustrado, luego, el materialismo y el positivismo cancelaron al Romanticismo. Estos nuevos sistemas de pensamiento, propuestos por el pensamiento occidental provocaron también una búsqueda de nuevas religiones. Así también, el afán modernizante y europeizante, el capitalismo burgués y globalizador fungieron como determinante espacial (348-349). El otro conjunto de factores que Martínez presenta son los de ámbito literario: la identidad del escritor como profesional, el escritor deja de ser el “intelectual” interrumpiendo esta tradición latinoamericana que Bello y Sarmiento encarnaban.
Otro aspecto es el ejercicio periodístico, pues por medio de este ejercicio se experimentaba con el lenguaje y con nuevas formas, de ahí la crónica. Y en torno a este nuevo horizonte de expectativas, Martínez menciona aparte de la crónica como género periodístico, la importancia del público femenino, así como la “voracidad literaria y culturalista” (349-350). Después de presentarnos estos factores de tipo extraliterarios y literarios, Martínez define Modernismo como “una verdadera Weltanschauung” porque según él incluye “una nueva visión del hombre y del mundo y también de la profesión literaria” (351). Más adelante, el crítico diferencia Modernismo y Romanticismo explicando que “la urbanización y el cosmopolitismo, la simultaneidad de sistemas de pensamiento divergentes y el cambiante día a día convocado por el periodismo, la cargada sensorialidad, las continuas reflexiones sobre el lenguaje literario y la pulcritud formal, se habían encontrado en general ausentes en el Romanticismo, pero ahora iban a ser las claves de la nueva cosmovisión modernista, la cual, eso sí, conservaría del Romanticismo elementos fundacionales como su visión trágica de la existencia o su idealismo estético” (351).
En tanto a la obra de Nájera en este referente Romántico-Modernista, y a su cosmovisión, Martínez nos explica que el discurso najeriano es “una combinación de idealismo estético romántico, de positivismo social, de porfirismo político y de vanguardismo lingüístico, en donde a menudo se mezclan actitudes contradictorias, pero que a la vez se hallan catalizadas por el objetivo común de la modernización que Nájera quería para su país” (351). Se aclara que se deben considerar dos precisiones iniciales en relación al corpus lírico de nuestro poeta: la primera es reconocer el tono elegíaco diversificado por temáticas heterogéneas que van desde los motivos religiosos hasta la propuesta parnasiana, pasando por el civismo porfirista y los homenajes personales (353).
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