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Por etcétera ·

Antes de iniciar la experiencia de Carne y arena, la instalación creada por Alejandro G. Iñárritu, el espectador (aunque en esta obra se hace más que mirar) debe sentarse en un cuarto con unas bancas de aluminio. El espacio está pintado de blanco y hay un frío que cala. La habitación, aséptica e impersonal, es una “hielera”. Así la llaman los inmigrantes capturados por la patrulla fronteriza de Estados Unidos que son enviados a los centros de detención. En estos espacios sin vida aguardan su destino durante dos semanas quienes se atrevieron a cruzar un desierto para buscar una mejor vida.

Lo impactante del centro de detención recreado en el Centro Cultural Tlatelolco, que albergará Carne y arena(virtualmente presente, físicamente invisible) a partir del 18 de septiembre, son los cientos de zapatos que hay desperdigados en la habitación. Tras las detenciones en el desierto, los agentes de la patrulla fronteriza obligan a los migrantes a quitarse el calzado. Iñárritu ha decidido arrancar la experiencia subrayando esta vulnerabilidad. En el cuarto hay tenis de adultos y zapatillas planas de mujeres. Más dramáticas resultan las pequeñas zapatillas de niños decoradas con personajes de caricaturas. También hay mochilas que fueron halladas en el desierto por activistas estadounidenses que recopilaron durante años objetos perdidos por migrantes. Solo en los últimos años han muerto allí 6.000 personas. Estos objetos fueron importantes para que el cineasta brindara verdad a esta experiencia de realidad virtual estrenada en el más reciente festival de cine de Cannes.

“Ese contacto físico es el contacto con la historia de una persona”, ha dicho Alejandro G. Iñárritu, —que ha perdido el González tras 16 años en Estados Unidos—, en la presentación de la instalación en la Ciudad de México. Esos elementos físicos completan una combinación de “sensorialidad, fisicalidad y virtualidad”, según el autor de la obra. Restarle esos elementos solo disminuiría la realidad a una experiencia que busca trasladar a un cruce fronterizo de mexicanos y centroamericanos a Estados Unidos. “Me da miedo la realidad virtual. Ya nadie está en la tierra… Hemos perdido la batalla de la realidad”, agregó el director de Babel y Amores Perros.

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