Recomendamos también: Los ejércitos de la información. Murdoch y los abusos que llevaron al cierre de ‘News of the World’

Cuentan los periodistas británicos Peter Chippindale y Chris Horrie, autores de una divertida (y al mismo tiempo aterradora, si nos paramos a pensar que lo narrado es cierto) historia del periódico sensacionalista The Sun, titulada Stick it Up Your Punter!, que Rupert Murdoch, cuando comenzó a dar sus primeros pasos como aspirante a magnate de la prensa en el Reino Unido, fue ingenuamente subestimado por el establishment de Fleet Street. Según los rumores que circulaban por los ambientes periodísticos del reino, el empresario australiano no era más que un “criador de ovejas” que jugaba a la adquisición de publicaciones como un simple “pasatiempo”. Cuando Murdoch se hizo con The Sun, su otro diario, News of the World, ya llevaba un año vendiéndose en los quioscos, aunque nadie consideraba a este último, en sí mismo, un periódico. News of the World, como lo fue también antes de que pasara a propiedad de Rupert Murdoch, era una vulgar “extravagancia” que compartía espacio con los diarios serios y sensacionalistas en el rico ecosistema informativo de la nación.
Así pues, la compra de un tabloide como The Sun, el cual “perdía millones y sus sonrojados dueños habían barajado, en alguna ocasión, la posibilidad de deshacerse de él”, confirmaba la sospecha de que este hombre podría tener conocimientos sobre algunos negocios, pero no mostraba ninguna sabiduría sobre el funcionamiento de la prensa, y mucho menos sobre la prensa británica, cuya particular idiosincrasia, apuntaban los nativos, tenía que resultarle muy extraña al extranjero inversionista. Evidentemente, todos esos agoreros de primera hora se equivocaron de forma estrepitosa. Rupert Murdoch sabía más de la cultura inglesa de lo que muchos imaginaban. Educado en la Universidad de Oxford, el australiano tuvo sus primeras experiencias periodísticas en un diario londinense, el Daily Express, bajo la tutela de lord Beaverbrook, una de las figuras más influyentes en la sociedad británica de la primera mitad de siglo. Tras la muerte de su padre, el joven Murdoch regresó a su país de origen, Australia, para asumir el control del negocio familiar, y convirtió al periódico de cabecera del grupo, Adelaide News, en un exitoso rotativo. Allí comenzó una progresiva expansión de la compañía, declaró sus primeras guerras mediáticas, compró nuevas publicaciones y fundó el primer periódico nacional, The Australian. Con tan solo veintidós años ya era el jefe de un grupo de comunicación con pretensiones de conquistar mercados. Sin embargo, su aterrizaje en las islas británicas no se percibía, en un primer momento, como una amenaza al estado de las cosas.
Según el relato de Chippindale y Horrie, en octubre de 1968, sir William Carr, preocupado por la posibilidad de que su periódico, News of the World, cayera en manos del empresario y político laborista de origen checoslovaco, Robert Maxwell, invitó a Rupert Murdoch a su casa para sopesar la posibilidad de que este último interviniera en la compañía. Carr no quería que un “forastero” como Maxwell, cuyo verdadero nombre era Jan Ludwig Hoch, acabara al frente de un diario que, como se afirmó en un artículo publicado en la portada de News of the World el mismo día que el australiano visitó las islas para acudir a otra reunión, era tan “inglés como la carne asada y el pudin de Yorkshire”. Como Carr acostumbraba a consumir bebidas alcohólicas a diario y, por tanto, a partir de las diez y media de la mañana se encontraba habitualmente indispuesto para negociar, Murdoch llegó temprano. Sin andarse con muchas contemplaciones, el empresario fue directo al grano y dejó claras sus intenciones de hacerse con todo el control ejecutivo de News of the World. Sir William Carr, visiblemente incómodo, dijo que eso no era posible. Murdoch escuchó durante un rato sus argumentos y, pasado un tiempo, afirmó: “Caballeros, o me conceden mis deseos o cojo el siguiente avión a casa”. Mientras el australiano se dirigía hacia la puerta, el banquero de Carr, Harry Sporborg, intervino en la conversación y le preguntó a Murdoch si podía dejarle a solas con el propietario. Después de que Sporborg conversara con el dueño, ambos empresarios llegaron a un acuerdo: Sir William Carr permanecería en el diario en una posición simbólica como presidente. Murdoch incrementó el valor del capital de News of the World fusionándolo con sus bienes australianos y acabó con el cuarenta por ciento de las acciones de la nueva compañía, valoradas en 42 millones de libras. Los reporteros aseguran que, después de que Maxwell y Murdoch escenificaran sus diferentes visiones empresariales en la junta de accionistas, que tuvo lugar en enero de 1969 (Maxwell pronunció un discurso incendiario, ensalzando su trayectoria y prometiendo que haría “grandes cosas por el periódico”, sobre lo mucho que, al contrario que el australiano, “conocía el mercado inglés”; Murdoch, en una intervención más breve, prometió hacer que el periódico volviera a ser rentable en dos años. Los accionistas rechazaron finalmente a Maxwell), el australiano, tras incrementar de nuevo sus acciones, presionó a Carr para que presentara su carta de dimisión. El inglés, en ese momento “destrozado”, aceptó. Poco después contrajo una enfermedad, quedó inválido y murió en 1977. El viejo Carr evitó que Maxwell comprara su periódico, tan típicamente inglés, porque no deseaba que un “inmigrante” tomara las riendas de la histórica institución y, curiosamente, el diario terminó en manos de un auténtico extranjero.
