Internacional

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Por etcétera ·

Ayer por la tarde leí incrédulo la noticia sobre la pantalla de mi teléfono móvil. Viajaba en tren de Solana Beach hacia Los Ángeles. Paradójicamente, a través de las ventanas, y en simultáneo, desfilaban innumerables puntitos de colores esparcidos sobre los inmensos campos de jitomate que se extienden por la costa del Pacífico. Los alegres vestuarios de miles de campesinos mexicanos y centroamericanos brillaban bajo el sol contrastando con la dura y extenuante labor que realizaban.

Sentí una profunda tristeza, indignación y vergüenza.

La invitación de Enrique Peña Nieto a Donald Trump es una traición.

Es avalar y oficializar a quien nos ha insultado, escupido y amenazado por más de un año ante el mundo entero.

Es carecer de dignidad y fortalecer así una campaña política de odio hacia nosotros, hacia media humanidad y hacia las minorías más vulnerables del planeta.

Es poner en riesgo el futuro y la vida de 16 millones de mexicanos.


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