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Por etcétera ·

Vincenzo Bellini (Catania, 3 de noviembre de 1801 – Puteaux, 23 de septiembre de 1835)

El nombre de Vincenzo Bellini es uno de los más relevantes en la historia de la ópera italiana del Siglo XIX y de la ópera romántica que fue la que imperó durante el mismo.

Nacido en el seno de una modesta familia de músicos, su educación musical corrió basicamente a cargo de su abuelo, Vincenzo Tobia, que supo ver claramente la capacidad que tenía su nieto para la música. Se cuentan muchas anécdotas sobre la precocidad de Bellini, que ante la duda de si son o no ciertas, vamos a omitir, pero lo que sí está comprobado es que a los diez años ya había compuesto algunas piezas de carácter religioso y obritas de salón.

Gracias a una beca del Duque de Sammartino, Bellini ingresó en 1819 en el Conservatorio de Nápoles. En dicho centro los métodos de enseñanza habían quedado algo desfasados. Algunos de los profesores que tuvo Bellini como Zingarelli, Furno o Tritto tenían edades que oscilaban entre los setenta y noventa años de edad, así que cuando Bellini dejó el conservatorio lo hizo con una formación musical bastante modesta, pero su capacidad creativa era espectacular y lo demostró sobradamente más adelante.

Bellini fue un gran seguidor y amigo de Rossini, y su influencia es evidente sobre todo en sus primeras obras, pero pronto adquiriría su propio estilo que se define por una gran pureza vocal, que conseguía agradar y emocionar de manera extraordinaria a partes iguales.

Pero volvamos a los inicios de la carrera de Bellini como compositor de óperas. Habíamos dejado la biografía de Bellini en el momento de acabar sus estudios en el Conservatorio de Nápoles, y allí precisamente fue donde presentó su primera ópera Adelson e Salvini, a cuyo estreno asistió el empresario del Teatro San Carlo de Nápoles y de La Scala de Milán, Domenico Barbaja. Barbaja le encargó su segunda ópera, Bianca e Fernando que se estrenó en Nápoles, y ya en 1827 lo llevó a Milán para el estreno de la tercera que fue Il Pirata, ópera que le dió la fama definitiva. En esta ópera, se inició la colaboración de Bellini con el libretista Felice Romani, de notable prestigio por haber sido colaborador de Rossini y Donizetti.

Seguidamente compuso La Staniera que tuvo una buena acogida, no así la siguiente, Zaira, que fracasó en su estreno en la ciudad de Parma.

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