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El presidente Donald Trump cedió al final ante la CIA. La esperada liberación de los papeles secretos del asesinato de John F. Kennedy no fue completa. La Casa Blanca autorizó la publicación de 2.891 informes confidenciales, pero impidió que otros 200 vieran la luz. Considerados el núcleo oscuro de las pesquisas, estos expedientes serán sometidos a evaluación en los próximos seis meses y, excepto aquellos que supongan un riesgo para la seguridad nacional, se harán públicos antes del 27 de abril. 54 años después, las sombras se resisten a abandonar el crimen que hizo temblar el siglo XX americano.
Estados Unidos aguardaba con ansiedad la liberación de todos los informes confidenciales. La ley de 1992 que los protegía expiraba este jueves y el mismo presidente había anunciado que se permitiría su publicación. Pero se sabía que la CIA estaba presionando para limitar su salida y censurarlos ahí donde viese en peligro sus intereses. Finalmente, logró su objetivo.
“He ordenado que se levante el veto sobre los documentos, pero dadas las advertencias de los responsables de inteligencia, no tengo más remedio que aceptar ciertas condiciones antes que causar un daño irreversible a la seguridad de la nación”, señaló Trump.
El filtrado, aunque provisional, vuelve a frenar el acceso universal a un archivo destinado a sacudir la memoria colectiva del país. El asesinato el 22 de noviembre de 1963 del presidente Kennedy abrió una herida que jamás se ha cerrado. El magnicidio fue atribuido oficialmente a Lee Harvey Oswald, un desequilibrado exmarine que llegó a vivir y casarse en la Unión Soviética. Pero la dimensión del crimen y la casi inmediata muerte de su autor a manos del mafioso Jack Ruby han abonado todo tipo de teorías conspiratorias.
Aunque a lo largo de los años se han liberado 318.000 documentos relacionados con el caso (un 11% censurados), siempre ha quedado la duda sobre la actuación de la CIA. En plena Guerra Fría, la agencia se había implicado hasta el tuétano en operaciones de desestabilización exterior. Cuba y los movimientos marxistas latinoamericanos eran uno de sus principales objetivos. Amplios sectores de la CIA, radicalizados y volcados en oscuras conspiraciones, odiaban a Kennedy por lo que consideraban una relajación del cerco a Cuba tras el fracasado intento de invasión de Bahía Cochinos y la crisis de los misiles.
La forma de actuar de los servicios de inteligencia de la época es precisamente uno de los puntos sobre los que se espera que arrojen luz los documentos. Y no solo por sus juegos de poder. Los especialistas consideran que la CIA y el FBI sabían mucho más sobre Oswald de lo que dijeron a la Comisión Warren, encargada de la investigación del asesinato.
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