500 años de aquí y allá
No somos de la idea de que las cartas que el Presidente le envió al Gobierno de España y al Vaticano sean parte de una ocurrencia. Algunos críticos de López Obrador aseguran que se mueve por ocurrencias o impulsos, no vemos que éste sea el caso.
Detrás de las cartas y sus declaraciones hay una convicción. No es, como se dice, que su esposa lo convenció o algo parecido. Lo que está expresando el Presidente es su visión, no única en el país por cierto, de lo que fue un hecho histórico, fundamental, hasta cierto punto traumático, que pasó hace cerca de 500 años.
Suponemos que el Presidente se está adelantando a lo que van a ser una buena cantidad de actos “conmemorativos” por los 500 años de la “conquista” de México por Hernán Cortés. Quiere mostrar antes que empiece la vorágine cuál es su visión, y presentar otra versión de la que se tiene en España.
Las cartas dirigidas a España y al Vaticano plantean que estas naciones tienen que “pedir perdón” a nuestro país y su pasado por las “violaciones, que hoy se conocen como derechos humanos… la conquista se hizo con la espada y la cruz… se sometió a los pueblos en lo que hoy conocemos como América”.
El Gobierno español reclamó que López Obrador haya dado a conocer las cartas, lo cual fue negado por el Presidente, pero en los hechos nos acabamos enterando de las cartas, las cuales, se dice, debían estar bajo los terrenos de la confidencialidad.
A la respuesta con “firmeza” de España, ayer se sumó la del Vaticano. En Roma le recordaron al Presidente que el Papa Francisco ya se había disculpado en 2015 en su visita a Bolivia, “por los crímenes contra los pueblos originarios de la llamada conquista de América”.
¿Qué viene? Por lo pronto, un nuevo desgarramiento de vestiduras en el país, el cual ha tenido un curso intensivo entre memes, entre los llamados chairos y fifís, y entre articulistas y opinadores que defienden una y otra posición.
Le decíamos ayer que esto apenas es el inicio, porque al acercarse una fecha que a nadie le va pasar de largo, los 500 años van a estar por todas partes, empezando por las escuelas.
Si no se convoca a entendimientos y debates serios y de nivel, como se hizo en 1992 con motivo de los 500 años de la llegada de Cristóbal Colón en 1492, todo lo que se haga podría terminar por ser cuestionado y anticlimático.
Independientemente de las elucubraciones que se hacen en el sentido de que todo esto lo está haciendo para bajarle el tono y el ruido a ciertos temas, desde la rechifla hasta Pemex pasando por su singular reunión en casa de un alto ejecutivo de la incondicional Televisa, lo cierto es que la forma en que está haciendo las cosas no abona al entendimiento ni a acuerdos.
La respuesta del Gobierno español es evidencia de ello, a lo que se suma la referencia del Vaticano al tema, que no a la carta. La impresión es que el camino bien pudo ser otro sobre todo por los inevitables nexos históricos con España. Pero también por el fortalecimiento de la relación, en todos los sentidos, que se dio en el siglo pasado, como bien lo definió la maestra Ifigenia Martínez.
Algunos fantasmas empiezan a recorrer la gestión de López Obrador. La idea de que es peleonero y que se busca enemigos no tiene que ver con la gobernabilidad; los memes de estos días, más allá de que le dio vida a sus detractores, muestran la visión de un sector de la sociedad sobre el Presidente.
Los 500 años no pueden dejar de ser vistos bajo la violencia a la que fueron sometidos los pueblos originarios. Lo importante es cómo abordarlo y sobre todo cómo hacerlo con España.
Hay que construir debates aquí y allá, pero no conviene andar de buscapleitos.
RESQUICIOS.
Los ministros de la Corte aprobaron la prohibición total al matrimonio infantil y adolescente. No es una restricción de derechos sino una protección reforzada con perspectiva de género. Punto.
Este artículo fue publicado en La Razón el 27 de marzo de 2019, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.