Opinión

Aplastar a todas las cucarachas juntas

Por Rubén Cortés ·

AMLO ha admitido por fin que es un político igual que todos, o que todos los políticos son iguales que él: da igual. Ese toque de pragmatismo le faltó en 2006 y 2012, porque en 2006 y 2012, hay que aceptarlo, AMLO tuvo escrúpulos para no tragarse cualquier sapo.

En 2006 y 2012 también lo buscaron muchos, pero los rechazó. La maestra Elba Esther Gordillo admite que en 2006 AMLO rechazó su apoyo. Sin embargo, hoy el yerno de Gordillo trabaja para AMLO y dijo a El Universal que el magisterio votará por AMLO.

Así que ahora AMLO da la bienvenida a diario a algún personaje de diferente pelaje: ayer fueron la panista Gabriela Cuevas y el futbolista Cuauhtémoc Blanco. Antes, el stripper y socialité Sergio Mayer, y el experredista citado por la PGJ de la CDMX a declarar por presuntos desfalcos Víctor Hugo Romo.

Y también, a través de su aliado el Partido Encuentro Social, al expriista Fausto Vallejo y a un hijo de éste. AMLO dice a todos: “Bienvenidos, la patria es primero”. Mentira: lo primero es ganar y, para quienes se le suman, es encontrar “un rinconcito en sus altares”.

“Un rinconcito en sus altares”, frase de la canción que le canta su esposa a AMLO y que fue escrita para Fidel Castro, de quien el tabasqueño es admirador y de quien retoma su actual pragmatismo, pues no le preocupa el peso político ni la clase moral de quienes se le suman, sino que sean muchos.

Ya les ajustará cuentas cuando no los necesite. Antes de ganar, Fidel Castro también recibió de todo. Su amiga Melba Sánchez se lo hizo notar y Fidel Castro le respondió en abril de 1954: “Aceptemos a todos, por ahora. Habrá tiempo de sobra para aplastar a todas las cucarachas juntas”.

Y así fue: desde el 1 de enero de 1959 hasta que murió el 25 de noviembre de 2016, encarceló, fusiló, expatrió, silenció… aplastó a quienes dejaron de servirle. Igual hizo Chávez para ganar en Venezuela, sobre todo con los empresarios de medios.

Cuando Chávez salió de la cárcel, el director del diario El Nacional, Henrique Otero, le abrió sus páginas. Y la entonces esposa de Otero y dueña del Ateneo de Caracas, le cedió éste para sus discursos. Al llegar al poder, Chávez aplastó a ambos.

En el poder, Chávez aplastó a otro magnate de medios que lo ayudó a ganar: Gustavo Cisneros, dueño de conglomerados de televisión, del concurso Miss Venezuela, de equipos de pelota, de la franquicia de Pepsi en Venezuela; Chávez le quitó la fortuna de ocho décadas de trabajo familiar.

Ya está escrito por el gurú: Aceptemos a todos, habrá tiempo de sobra…


Este artículo fue publicado en La Razón el 22 de enero de 2018, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.