Opinión

Cuba: la ideología del suicidio

Por Rubén Cortés ·

Mi amiga Damaris Galá se suicidó con píldoras. Estábamos en sexto grado. Conservo en mi librero una foto que le hice con una cámara soviética Zenit. Mi vecino Chuchi se ahorcó del dintel de la puerta de su casa. Tengo una foto que nos tomaron en 2010 con mis hermanas.

La noticia del suicidio del hijo mayor de Fidel Castro es parte del paisaje social cubano, de una sempiterna vocación suicida de los habitantes de la isla: la otra cara de la luna en un país plastificado por un mito de alegría eterna, pero que tiene una disposición innata a la desilusión.

Tierra de suicidas. Las estadísticas registran que 30 mil aborígenes se suicidaron tras la llegada de Colón. Es reveladora la leyenda de que en el Valle de Yumurí, masas de indios se lanzaron a una furnia para no sufrir a manos de los españoles.

En uno de los pasajes cubanos del libro Folklore de las Antillas (1909), de Florence Jackson, los aborígenes de las Bahamas se refieren a Cuba como “el bello país de la muerte”. Desde entonces se habla de una cosmología cubana del suicidio.

Sin embargo, la tendencia suicida de los cubanos se disparó después del triunfo de la revolución comunista encabezada por el padre del hombre de 68 años que se mató ayer en La Habana. El número es sombrío: 100 mil suicidios en sus primeros 50 años. Y ya van seis décadas.

Casi todos los cubanos tienen un vecino, amigo, un familiar que se mató. Siendo niño, una tarde, fui con mi papá a mudar las vacas y vimos a un hombre jugando con una cuerda desde el puente viejo del pueblo. Pero no estaba jugando: se apretó la soga al cuello y se lanzó al vacío. Era ferretero.

Una mañana de los años 90, a mis primos Damián, Rangel y Leduán se les voló una pelota al patio del vecino. Cuando se asomaron a buscarla lo vieron colgado de una mata de mangos. Era un conocido siquiatra. Se llamaba Félix Fernández.

La última casa en la que vivió mi hermana Koky en Pinar del Río había sido habitada por una mujer llamada Gloria, que el 26 de septiembre de 1997 se amarró un costal de piedras a las piernas y se lanzó al río del pueblo. Apareció ahogada dos kilómetros río abajo.

En el libro Habana Babilonia (2008), Amir Valle cuenta cómo en una cárcel habanera para prostitutas una chica amaneció desangrada en uno de los baños, luego de que se cortara las muñecas con el filo de la taza del inodoro que rompió a patadas para poder cortarse.

Pero, ¿por qué se suicidan los cubanos? Porque matarse en Cuba…
Es la clave de los silencios.


Este artículo fue publicado en La Razón el 2 de febrero de 2018, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.