¿La economía en alfileres?
La deuda pública podría superar 60% del PIB este año, mientras la inversión física cayó 28% entre 2024 y 2025.

La economía mexicana se encuentra, por así decirlo, en un letargo preocupante. Aunque no ha colapsado, como auguraron algunos analistas, por sus principales indicadores parece sostenerse con alfileres y la perspectiva depende, en buena medida, de la negociación con Estados Unidos sobre el T-MEC.
Este viernes, después de que se divulgara en Estados Unidos, la presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que sostuvo una llamada con Donald Trump el miércoles, según explicó hablaron de comercio, del T-MEC y del objetivo estadounidense de reducir su déficit.
Sheinbaum destacó que la integración económica beneficia a ambos países y que los empleos generados en México también tienen efectos positivos en Estados Unidos. Si bien, el argumento es válido, deja pendiente una pregunta: ¿cuál es la posición de México ante una negociación que puede definir buena parte de su futuro económico?
El T-MEC no puede ser la única apuesta
La discusión no puede reducirse al déficit estadounidense, también están en juego los aranceles, las reglas de origen, la inversión, las cadenas productivas y la posibilidad de diversificar mercados hacia Europa, Asia y otras regiones.
En este contexto resulta relevante el diagnóstico del exsecretario de Hacienda Pedro Aspe, quien advirtió sobre un posible estancamiento de la economía mexicana. En una presentación ante estudiantes de posgrado del MIT, el exfuncionario señaló que el deterioro fiscal, el bajo crecimiento y la reducción de la inversión productiva están debilitando la posición financiera del país.
Según lo reportado sobre su análisis, la deuda pública podría superar 60% del PIB este año, mientras la inversión física cayó 28% entre 2024 y 2025.
Aspe no cuestiona la existencia de los programas sociales, sino el desplazamiento de la inversión por un gasto corriente creciente, sin dejar de lado el peso de los apoyos a Pemex, en un contexto de menor producción petrolera.
Más allá de las diferencias que puedan existir sobre sus estimaciones, la advertencia de Aspe obliga a discutir una cuestión que no debería quedar subordinada a la negociación comercial: cómo recuperar crecimiento, inversión y productividad.
Y hay otro elemento, la política comercial estadounidense puede cambiar rápidamente, más considerando que la administración Trump ha colocado el déficit comercial, los aranceles y el regreso de manufactura a Estados Unidos en el centro de su estrategia.
Para México, depender de una negociación exitosa sin fortalecer simultáneamente sus propias fuentes de crecimiento, representa una vulnerabilidad adicional que no puede ignorarse.
En la revisión del T-MEC, México enfrenta una negociación en la que Washington busca modificar condiciones de acceso a su mercado. Donde el riesgo no está solamente en pagar más aranceles, sino en una mayor incertidumbre que puede afectar las decisiones de inversión, el empleo y la expansión de las cadenas productivas.
Inversión, empleo y productividad
Mientras tanto, el gobierno mexicano impulsa una política de mayor participación estatal y el programa “Hecho en México”. Fortalecer proveedores nacionales y reducir dependencias externas puede ser un objetivo legítimo, pero, en términos económicos, cuánto costará hacerlo y, sobre todo, si serán capaces de generar suficiente productividad para sostenerse.
El sector energético es particularmente sensible. La participación del Estado, a través de Pemex y CFE, se ha reforzado y el espacio para la inversión privada se ha redefinido, solo podrá participar en el esquema de inversiones mixtas en condiciones totalmente desfavorables y riesgosas.
Es decir, si las condiciones para el capital privado implican mayores riesgos e incertidumbre, se disminuye la inversión productiva, aumentan las necesidades fiscales y el margen de maniobra del gobierno se reduce.
Señal de alerta
En cuanto al mercado laboral, los datos del INEGI muestran que en junio de 2026, 56.2% de la población ocupada se encontraba en la informalidad, frente a 43.8% en condiciones de formalidad. El dato revela que no basta con crear empleos; se necesitan empleos formales, productivos y con mejores ingresos.
México ya vivió las consecuencias de modelos económicos que terminaron generando dependencia. La sustitución de importaciones produjo una economía excesivamente cerrada y, posteriormente, el auge petrolero concentró buena parte de los ingresos públicos en los hidrocarburos.
Precisamente para modificar ese rumbo el país dio paso a la apertura comercial y la integración productiva con Norteamérica.
Hoy el desafío está en conservar las ventajas de esa integración sin quedar atrapados en la dependencia frente a las decisiones de Washington.
Y eso exige una estrategia propia y no solamente responder a cada presión externa.
Los fundamentos de la economía mexicana no dependen exclusivamente de que el T-MEC sobreviva o sea renegociado favorablemente. También dependen de la capacidad para elevar la inversión, contener el deterioro fiscal, fortalecer el empleo formal, mejorar la productividad y ofrecer certidumbre a quienes invierten.
La cuestión no es solamente cuándo podría explotar una crisis económica, sino cuánto tiempo puede seguir avanzando una economía sobre alfileres antes de que la falta de inversión, el endeudamiento y la incertidumbre pasen factura.
Si México no corrige el rumbo económico y llega a la negociación del T-MEC con una economía debilitada, la factura la pagarán los empleos, las inversiones y finalmente, los mexicanos.
