El futuro de Ricardo Anaya

Candidato por imposición, líder sin lealtades, Ricardo Anaya enfrentará este domingo su primera eliminatoria rumbo a la Presidencia. Si el aún segundo mejor posicionado en encuestas no sorprende con algo más que su buena dicción y gran retórica, si no mata, frente a la opinión pública, las sospechas de ser abusado, pero mentiroso; adinerado, pero corrupto, y deja de pretenderse víctima de un complot, entonces Anaya no pasará a la final en contra de “ya saben quién”.
Si Ricardo Anaya no consigue, durante el debate, enviar señales claras, nítidas y confiables de inclusión y racionalidad política a los priistas tachados por él de rateros y sinvergüenzas, si repite o le preguntan si habrá cárcel para el Presidente Peña Nieto y responde con evasivas y relativismo, entonces Anaya podrá olvidarse del potencial voto anti-AMLO a su favor; y peor: ni soñar con priistas operando para su causa. Su fama por no cumplir acuerdos ni respetar empeños le encarecen futuras alianzas.
Si el domingo, Ricardo Anaya no fija un mensaje claro con propuestas concretas, si no sale de su discurso para spot trilingüe, sin principios ni valores en sus bases azules, amarillas y naranjas, si no va más allá de vendernos la misma coalición que ha gobernado sin trascendencia Guerrero, Oaxaca, Tlaxcala, Nayarit, Puebla o Veracruz, si no confronta que su Frente se cohesionó concesionando candidaturas a hijos y esposas de gobernadores patrocinadores entonces Anaya será rebasado por José Antonio Meade y desangrado (de panismo) por Margarita Zavala.
Si Ricardo Anaya se desploma el domingo, entonces ocurrirá una suerte de plan B que muchos panistas escépticos intuyen. Si Anaya no puede ganar la Presidencia, el partido fundado por Manuel Gómez Morín será su botín, su fuero político; plataforma para un segundo intento seis años después, que por edad y nivel de conocimiento con cargo al erario, lo hacen factible.
Entonces el PAN sin Margarita Zavala, sin Germán Martínez, sin Javier Lozano, sin Juan Ignacio Zavala, con Felipe Calderón acotado, en resistencia interna, con Ernesto Cordero atrincherado en la presidencia del Senado, Roberto Gil Zuarth de sabático forzado, Luisa María Calderón consumiendo su escaño, con el payaso de las cachetadas, Vicente Fox, evaporándose en frívolas vulgaridades, el PAN que hospeda a los dueños del cascarón perredista, y socio de Dante Delgado en regiones de poder, con este PAN que copta mentes brillantes, hoy leales al nuevo jefe, joven y brillante, será su nueva nave política.
Desde ese reducto, Ricardo Anaya sobrevivirá frente a “ya saben quién” o ante otr@ ganador poco probable. Será entonces interlocutor obligado, jefe de una oposición beligerante, dueño de un frente dispersado en congresos y gobiernos locales, coalición que resista y espere a que el mito, AMLO todo puede sucumba ante la realidad del poder y no poder. Guarecido, en espera de su segunda vuelta, en 2024.
Este artículo fue publicado en La Razón el 19 de abril de 2018, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.
