El general y otros ya tienen quien les escriba
Desde 1968 México tiene una cicatriz, una marca que condiciona e inhibe actuar a las fuerzas armadas y en general a las instancias responsables del orden público, en momentos en los que la ausencia de fuerza abre cauce a la anarquía y a la impunidad civil, al delito menudo, al desafío de anarcos que queman gendarmes.
El miedo para actuar conforme a la ley es proporcional al acto reflejo de ciertos sectores para acusar represión de Estado, de gobiernos, de soldados.
Así llevamos casi medio siglo. Episodios tatuados en la memoria en Aguas Blancas, Guerrero; en Tlatlaya, Estado de México, y en una pista aérea clandestina de Veracruz apuntalan el mito, el trauma.
Con la suplantación masiva de policías y mandos regionales al servicio del crimen organizado, por soldados y marinos desde 2007, en la mal llamada “guerra” de Calderón (de México) contra la inseguridad y la violencia, el desgaste del Ejército y la Marina creció mientras se ocupaban de lo que dejaron de hacer civiles corruptos y cooptados.
El fin de semana el general secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, ofreció disculpas a toda la sociedad. Lo hizo frente a los suyos, a 25 mil presentes y otros 130 mil elementos que observaron y escucharon a su comandante en bases y cuarteles a través de pantallas.
El jefe castrense se refirió al video difundido la semana pasada en el cual se observa cómo al menos dos elementos de la Policía Militar y uno de la Policía Federal torturan a una mujer, presunta secuestradora, en Ajuchitlán del Progreso, Guerrero, el 4 de febrero de 2015.
“En nombre de todos los que integran esta gran institución ofrezco una sentida disculpa a toda la sociedad agraviada por este inadmisible evento”, dijo el general Cienfuegos en el Campo Militar número uno.
No hay registro de una disculpa pública similar, de un Secretario de la Defensa, desde 1968. Al divisionario le escribieron un buen discurso.
Más allá de la coyuntura, cuando observadores internacionales y luchadores nacionales apuntan la debilidad nacional en materia de derechos humanos, con sendas disculpas del Jefe de la PF y del comisionado nacional, Renato Sales, o de la canciller o el titular de Gobernación condenando hechos de los cuales, por cierto, los soldados involucrados están desde hace tiempo en proceso judicial militar, destacan las palabras del general.
Pudo refugiarse en el boletín, en alguna entrevista, atrincherarse con folios y fechas sobre los procesos y situaciones legales de cada elemento responsable.
Optar por hablar claro y de frente, salir del silencio institucional, acorta distancias, muestra un gesto inédito. Ayuda a la imagen de una institución que ha soportado de todo, con disciplina y rigor, a pesar de casos aislados que se generalizan, recios como soldados que son. El general tuvo quien le escribiera.
Este artículo fue publicado en La Razón el 19 de Abril de 2016, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página
