Eso de “sonríe, ya ganamos” y… el suicidio de Venezuela
Maduro anunció ayer, sin avisar a la oposición, que en Venezuela habrá elecciones presidenciales el 22 de abril, en las que él será el único candidato: un déjà vu para el México de hace 42 años, con López Portillo compitiendo solo y que hoy muchos añoran porque, simplemente… los pueblos olvidan.
Esta decisión es el penúltimo puntillazo del populismo en Venezuela, convertida por Chávez y Maduro en el país del mundo con mayor pérdida de propiedades de los ciudadanos, según New World Wealth. Con la iniciativa privada extinguida, es el último país del planeta en inversión extranjera.
Los precios acaban de subir 2 mil 439.3 por ciento, al punto de que Maduro se vio obligado a imprimir hace una semana un nuevo billete, de 100 mil bolívares, para evitar que los ciudadanos estén obligados a salir a comprar un bolillo con billetes encima de una carretilla.
Por ejemplo, un producto que en diciembre pasado costaba 75.2 bolívares, hoy cuesta mil 842. Es lo que ha provocado el populismo en el país con las mayores reservas de petróleo en el mundo: que este año su PIB caiga un 12 por ciento, más que Guinea Ecuatorial y Sudán del Sur.
Venezuela se rindió a la vocinglería del populismo, a la ramplonería de su lenguaje (“burguesía vendepatria”, “oposición escuálida”), al regalo de dinero que mató la iniciativa individual de las personas, para dejarlas en la miseria económica y humana cuando el sistema dejó de tener lana para regalarles.
El populismo venezolano ha enhebrado uno de los mayores desastres económicos en la historia del mundo. Desde 1999 gastó mil veces mil millones de dólares: más dinero de todo el que gastó Venezuela en sus primeros 175 años de independencia. Un cataclismo incomparable.
El populismo también pulverizó la democracia. Cuando murió Chávez, el 5 de marzo de 2013, había 62 partidos políticos: actualmente hay 17 y 11 son de Maduro. Apenas el sábado pasado Maduro ilegalizó a Primero Justicia, el partido de su principal opositor, Henrique Capriles.
En las pasadas elecciones Maduro le ganó a Capriles por sólo 234 mil 935 votos, aun con todo el poder del Estado y una campaña de apenas 15 días para impedir el crecimiento de Capriles. Así que ahora eliminó al partido de Capriles y… competirá contra sí mismo.
Ante el descalabro, Venezuela se ha echado a los brazos de Rusia. Maduro le hipotecó a Putin el 50 por ciento de Citgo, su principal empresa de refinación y comercialización de petróleo, como garantía de un préstamo de dos mil millones de dólares.
Y, mientras, Maduro realiza elecciones presidenciales sin candidatos opositores. Es una ecuación histórica y política sencilla:
En eso acaba el populismo.
Este artículo fue publicado en La Razón el 8 de febrero de 2018, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.
