Opinión

Jorge Kahwagi o el síndrome de Hilario el de los Plátanos

Por Alejandra Gómez Macchia ·

Etcétera

I.El Synthol es un aceite compuesto de ácidos grasos, alcohol bencílico y lidocaína.

La función de este compuesto es expandir momentáneamente los músculos, es decir, con una buena dosis de Synthol cualquiera que tenga un "cuerpimóndrigo", puede lucir como Arnold Schwarzenegger (en sus mejores épocas, por supuesto).

El dichoso aceitito fue creado por Chris Clark en 1982 para conseguir simetría en las áreas "tercas" del sistema muscular; así cuando los competidores de un concurso de Fitness tienen disparejos los chamorros, basta con una inyección directa al músculo para que las formas se "emparejen" y sus líneas quedan mejor esbozadas que las del mismísimo David de Miguel Ángel.

Fin del breviario químico-mágico-muscular.

II.El boxeo es un deporte que atrae a millones de personas en el mundo.

En México ha sido durante décadas uno de los espectáculos más apreciados por el pueblo. ¡Hemos tenido dos que tres glorias boxísticas! (y vaya que en nuestro pobre país vapulado necesitamos de vez en cuando el apapacho que nos dotan los triunfos de los deportistas).

Las peleas de box son tan icónicas que muchas de las películas de la época de oro del cine nacional nos ofrecen escenas memorables donde un par de bravucones de barrio se convierten en ídolos del ring.

Estas escenas, hay que decirlo, suelen ser el clímax de las películas que las contienen, ya que por lo general el boxeador improvisado que sube al combate lo hace movido por una acción noble o por ganarse el respeto, el amor y el cuerpecito de la protagonista.

En resumidas cuentas, los boxeadores resultan ser todos unos héroes románticos por los que las mujeres suspiran antes de la aparición de los créditos. Así pues, cuando el protagonista de la historia noquea al adversario (que por lo regular es un malandro que lo dobla en altura y en peso), éste obtiene como recompensa el beso tierno de la dueña de sus suspiros: aquella ingrata que durante la primera hora de película se resiste al amor de nuestro galán imperfecto por ser un "don nadie".

Para darle cuerpo e imagen a este texto, permítame el lector hacer una brevísima reseña de una de mis películas favoritas donde el protagonista termina trepado en un ring de boxeo con tal de salvaguardar la salud y la honra de una mujer que, como bien lo dije, en la primera hora de la cinta pone a nuestro héroe en ese abominable sitio que hoy las juventudes clasemedieras han bautizado como la "friendzone"...

Germán Valdés "Tin Tan" interpreta a "Sultán Casquillo", un bueno para nada (pero gran sabelododo) que vive en una vecindad de mala muerte donde también habitan un profesor de danza, un doctor, un boxeador y un policía.

La película abre con una escena musical donde "El Sultán" sueña que es precisamente un sultán rodeado de bellas mujeres que le bailan y le dan de comer exquisitos manjares en la boca, hasta que aparece un jeque (su vecino el policía) portando un sable en la mano que va a dispuesto a arruinarle la fiesta y a cortarle la yugular.

En ese momento Sultán despierta estrepitosamente del sueño y una horda de chamacos pulgosos están jaloneándolo de pies y manos.

Los cuadros transcurren 24 x segundo y aparecen nuevos personajes: el doctor que va a ponerle unas buenas inyecciones para su "fiebre puerperal" (eufemismo de la hueva que se carga Sultán). Don Pacorro: un abarrotero a quien le debe hasta la vida. Don "Venus": el policía. Tomás: el maestro de baile. Hilario (Wolf Ruvinskis) que interpreta al boxeador profesional.

Después de una serie de sinverguenzadas cometidas por nuestro héroe (robar leche de lo vecinos, echarle el ojo a la mujer de don "Venucito" y cuidar niños ajenos por un tostón) sucede que en una tarde en la que Casquillo se encuentra de revoltoso en el patio de la vecindad, aparece Tinita (Yolanda Varela).

Tina llega buscando a Tomás (el coreógrafo), pues es bailarina y quiere perfeccionar su técnica para participar en un concurso de televisión. Entonces cuando Sultán Casquillo mira esa angélica aparición, se hace pasar por el maestro de baile y con sus encantos arrabaleros logra convencer a Tinita de entrar a su cuchitril para darle las lecciones que la convertirán en una Rosa Carmina o en la Próxima Ninón Sevilla.

Para no hacerla cansada, la chica inicia sus clases a regañadientes con Sultán. Éste se enamora y se enreda en sus propias mentiras hasta que ocasiona un accidente que deja fracturado el tobillo de Tinita dejándola incapacitada para el concurso.

Luego, por azares del destino (y por andar de metiche detrás de la puerta), el doctor malicioso que atiende a Tinita le juega una broma y le dice a Sultán que su amada padece un grave problema del corazón, y que si no se opera, morirá.

Es cuando Sultán decide jugarse la vida en el ring.

Siendo un escuálido buenoparanada que sólo posee un chaleco mugroso y algo de gracia para el mambo, decide confrontar a Hilario quien tiene una sola debilidad: el plátano.

Es en este punto donde Tinita reaparece después de semanas de practicarle la ley del hielo a su pretendiente.

Una vez que Tin Tan está arriba del ring, empieza la verdadera acción de la película.

III. Jorge Kahwagi (en el papel de Tin Tan) y Ramón Olivas (en el papel de Hilario).

No hay un solo parecido en los físicos de estos cuatro personajes, pero la pelea que se llevó a cabo hace unos días en Filipinas bien pudo haber sido el refrito de la pelea que vimos en "El Sultán Descalzo".

Hilario (Wolf Ruvinskis) obviamente estaba dotado de una musculatura poderosa que nada tiene que ver con Olivas: un boxeador norteño que más que de boxeador tiene la facha de vendedor de materiales para la construcción.

Tin Tan (Sultán Casquillo) se moriría si lo comparáramos con el que hoy parece el hijo lampiño de Herman Monster, un tal Jorge Kahwagi...

En la pelea de la película, Tin Tan hace gala de sus mejores pasitos de rumba al esquivar los golpes de Hilario. Sultán recibe un par de golpes, luego corre a tocar las cuatro puntas, rebota en las cuerdas, se resbala por la lona y huye hacia el público.

Hilario en cambio intenta acomodarle una madriza a su oponente, pero le resulta imposible porque éste parece una anguila que se le resbala entre los guantes.

Al final (ya que Tin Tan tiene un ojo morado y se encuentra exhausto de huir de los puños de Hilario) recuerda que Hilario le tiene pánico a los plátanos, así que corre a ver a su entrenador y le pide que le traiga uno.

–¿Un plátano en una arena de box?

Entonces el entrenador corre y le arrebata un diminuto plátano dominico a un niño y se lo pone en el guante a Sultán. Éste se acerca a Hilario elevando el plátano como espada. Hilario se horroriza, se lleva los guantes al rostro y es cuando Sultán repunta y aprovecha para acomodarle un guamazo que lo deja en la lona.

¡Y gana por nocaut!

¡Sí, igual que Kahwagi! Que luciendo una tetas más inflamadas que las de Ninel Conde, sometió al vendedor de tabiques con dos movimientos torpísimos de piernas y media docena (no más) de golpes dignos de una riña entre un par de señoras despechadas.

¡Nocaut! ¡Caput en el primer round!

Aquí es donde retomo el inicio de este extenso, pero necesario e ilustrativo texto.

Jorge Kahwagi no fue nunca un buen boxeador, y mucho menos tuvo una participación decorosa en la política.

Tampoco pudo rescatar a Carmen Campuzano de sus adicciones (no tenía autoridad moral).

Lo que queda claro con este remedo de pelea boxística es:

1. Kahwa se fue literalmente al fin del mundo para emular una pelea porque aquí su miserable existencia nos importa un pepino (o un plátano).

2. A Olivas le han de haber pagado una lanita para dejarse "medio madrear" o madrear a medias por un zombi que cree que un día fue Jorge Kahwagi.

3. Por espectáculos como estos, a los mexicanos nos califican como farsantes y payasos (basta escuchar en el video cómo la concurrencia no para de reír al ver a este par de Freaks).

Concluyo: Si la pelea no estuvo comprada (ay ajá), lo que pudo haberle pasado a Olivas fue el síndrome "Hilario el de los plátanos", sólo que en lugar de acobardarse por ver esa deliciosa fruta amarilla, se sintió intimidado por las por las chichis del Kahwa...

¿Será que Olivas le tiene fobia al Synthol?

¡Bueno!, por lo menos el viajecito a Filipinas valió la pena para el sonorense.

¿Y Kawhagi?

Supongamos que nadie envidia su triunfo risible, pero eso sí: sus cántaros de miel ya los quisiéramos muchas...

¡¡Synthooool, por favor!!!!!!