La trama novelesca de Proceso y Aristegui Noticias


Desde el pasado viernes 5 de febrero, como quien anuncia el estreno de una gran función teatral o una magna producción de cine o televisión, el portal de Aristegui Noticias adelantaba a sus seguidores que al día siguiente, en coautoría con la revista Proceso, revelarían el “expediente secreto” del matrimonio eclesiástico entre el presidente Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera. Se prometía tanta espectacularidad que aun antes de conocerse el contenido completo, el público de las redes sociales, siempre ávido de asuntos llamativos, le dio amplia difusión a la especie.
Al día siguiente, con el membrete de “investigación especial”, Proceso y Aristegui Noticias presentaron la historia de la boda de la pareja presidencial; una trama en la que prevalecen las percepciones que estos medios han propalado desde hace varios años alrededor del vínculo conyugal entre el presidente de México y Angélica Rivera: que éste forma parte de un plan entre Televisa y la cúpula del Partido Revolucionario Institucional para convertir a Peña Nieto en jefe del Ejecutivo, maquinación a la cual ahora se incorpora a la iglesia católica de México, a unos cuantos días de la visita del Papa Francisco a territorio nacional.
El soporte documental de este supuesto reportaje, proviene de revistas del corazón como Hola y Quién, quienes en su momento divulgaron la documentación que acreditaba la nulidad de la unión eclesiástica entre Angélica Rivera y el productor de televisión Jorge Alberto Castro, y más adelante difundirían el enlace matrimonial de Rivera con el entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto.
Asimismo, como resultado de una filtración y no de una búsqueda acuciosa de documentos probatorios, se divulgan una serie de cartas personales de los sacerdotes implicados en estos enlaces matrimoniales, en los que se acusa que la Arquidiócesis de México castigó injustamente al cura que participó en el primer matrimonio de Angélica Rivera y en las cuales se demanda al Papa Francisco que reivindique públicamente al sacerdote, ya fallecido. De igual manera, se presenta un documento en latín emitido por la Rota Romana, que según la traducción mandada a hacer por Proceso y Aristegui, el caso se trata de un “craso simulacro de justicia”.

Con el timing con que suelen detonar sus escándalos mediáticos, Proceso y Aristegui eligieron la coyuntura de la inminente visita papal a México para revelar esta trama, construida con tanta celeridad que debieron recurrir a revistas de chismes como fuente primaria de información e incluso se incurrió en errores serios de presentación de algunos de los hechos: Mientras Jenaro Villamil indica en Proceso que la visita que Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera hicieron al Vaticano para entrevistarse con Benedicto XVI para anunciar su próximo matrimonio, fue del 14 al 19 de noviembre de 2009, en la versión difundida por Aristegui Noticias, se menciona que esta entrevista ocurrió el 16 de diciembre de ese año.
De igual manera, mientras en Proceso se dice que el vocero de la Arquidiócesis de México, Hugo Valdemar, fue consultado durante el desarrollo del reportaje para recabar su versión, en Aristegui Noticias se indica que las declaraciones del prelado, de las que por cierto no hay grabación alguna, se dieron “como respuesta al reportaje”.
A lo largo de la investigación no se acreditan fehacientemente las presuntas violaciones al derecho canónico, ni tampoco alguna conducta ilegal, desde el punto de las leyes civiles, en que pudieran haber incurrido el presidente, su esposa o los integrantes de la Arquidiócesis de México. En cambio, dominan las sentencias del tribunal mediático que conformaron Aristegui Noticias y Proceso que, medios que se dicen defensores del estado laico, pero que en esta ocasión como si fueran la Santa Inquisición, fustigan al mandatario y su esposa por violar las formas que la Iglesia Católica establece para los enlaces matrimoniales. Tanto para Aristegui como para Proceso, el hecho de haber encontrado en su búsqueda documental un video en el que Peña Nieto y Rivera prometer estar juntos “hasta que la muerte los separe”, es razón suficiente para sospechar que la boda fue ficticia.
La trama que Aristegui Noticias y Proceso elaboraron para obtener miles de clics en las redes sociales y para crear polémica en vísperas de la visita del Papa, cumplió cabalmente con estos objetivos; ambos medios se ufanan de que su trabajo conjunto generó al momento de concluir esta nota, poco más de 40 mil opiniones de cibernautas. Pero periodísticamente, este trabajo es tan deficiente que, a diferencia de otros casos que ambos medios han difundido anteriormente, no tuvieron el mismo acompañamiento, salvo por parte del portal Sin Embargo. Reforma apenas dedicó el domingo pasado un pequeño espacio en su primera plana y envió la nota a páginas interiores, mientras que La Jornada, en su versión de circulación nacional, ni siquiera mencionó el asunto. Por algo será.
