Las 50 promesas de AMLO (populismo vs. realismo)
Prometer no mata, cumplir aniquila. Durante el largo y buen fin de semana hubo dos discursos relevantes, dos visiones y realidades políticas de México.
Desde Perú el Presidente Peña Nieto, en el Foro de Cooperación Asia-Pacífico, habló sobre la normalidad económica con la que el mundo debe afrontar la irrealidad democrática estadounidense que hizo,de Donald Trump factor de incertidumbre global.
Enrique Peña Nieto propuso modernizar el TLC más que renegociarlo. Junto a sus homólogos de las 12 economías que han trabajado el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP) ratificó que el libre comercio seguirá adelante con o sin Estados Unidos de la era Trump.
El Presidente inyecta normalidad al espanto nacional por lo que pueda venir, en palabras y acciones. Peña Nieto sabe que no hay de otra que trabajar, hacer de la diplomacia instrumento también de derechos y obligaciones aun con nuestro poderoso vecino; el mensaje es pasar de la impresión a la acción.
En la CDMX Andrés Manuel López Obrador, cobijado del frío con el Congreso Nacional de Morena, hizo 50 promesas excitantes, seductoras socialmente hablando. Una república amorosa, fraterna, justa, equitativa y honesta. Nada mal.
Mejores salarios para todos; más cobertura educativa, de salud y asistencia social; aumentar subsidios para adultos mayores, prestaciones a burócratas en efectivo para incentivar la economía, hacer a ejidatarios socios de cooperativas agropecuarias, más empleos y mejor pagados, menos impuestos, gasolinas más baratas, más infraestructura nacional, carreteras al por mayor para ocupar mano de obra, cancelar el proyecto del nuevo aeropuerto y arreglar la saturación con dos pistas en la Base Aérea de Santa Lucía, más rápido, más barato y menos negocio de unos cuantos, dijo AMLO.
Fueron 50 promesas para un país alternativo y posible. Los planteamientos no son un acto de campaña anticipado, no señor, son compromisos, propuestas aprobadas en el Congreso moreno en plaza pública, con asistentes (representantes democráticos) que a grito en pecho y mano alzada dijeron al presidente de su partido que van adelante con él, hasta la victoria o a otro sitio por Macuspana.
Dos realidades, la del mandatario en su cuarto año de gobierno con niveles de aprobación bajos, los más pobres para un presidente a esta altura sexenal; la otra, la de un candidato de oficio, expresidente legítimo y aspirante por tercera ocasión.
Las 50 promesas de AMLO seducen. El discurso de Peña Nieto busca paliar miedos y enfados acumulados.
El ejercicio del poder conoce de desgaste, de promesas no cumplidas, de errores cometidos nunca suficientemente reconocidos. El aspirante permanente sabe que hay rencor social, ola antisistema, y en ella viaja. Sabe por experiencia que el poder conlleva corrupción, malos cálculos, pero igual la historia queda bajo el tapete. Lo de hoy es prometer, que de eso nadie muere. Pero cumplir…
Este artículo fue publicado en La Razón el 22 de noviembre de 2016, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.