Los tiraderos de Santa Fe (II)
La historia de Santa Fe sigue. La falta integral de atención urbana, los deslindes de responsabilidades se esfuman entre las administraciones y figuras de gobierno excepcionales que, hasta 2014, dejaron el asunto en manos de las delegaciones Álvaro Obregón y Cuajimalpa. Cada una, cada tres años, con distintos intereses y maneras de negociar y hacer negocios.
La expansión se cimentó en un centro comercial, algún hotel y la Ibero. Hoy el CIDE, el Tec de Monterrey y la Unidad Cuajimalpa de la UAM la complementan. Edificios corporativos que compiten entre sí con diseños de vanguardia suman decenas. Hay al menos 10 torres que rebasan los 130 metros de altura, dando sombra a nuevas plazas comerciales de todos tamaños y especialidades.
En la transición de siglo, Santa Fe requería otra pata indispensable para sus aspiraciones. La continuación de la calle Prolongación Vasco de Quiroga para llegar al Hospital ABC requirió expropiar un pedazo del predio El Encino. Historia no tan lejana que devino en un clímax político, el desafuero de Andrés Manuel López Obrador, tema que lo puso con pie y medio en Los Pinos. La mitad faltante fue el .56 por ciento de la votación de 2006.
Memorable, El Encino porque uno de los fallos judiciales contrarios a AMLO estuvo fundamentado en no poder demostrar la utilidad pública de la expropiación, ya que se trataba de dar acceso al servicio hospitalario privado. Tema desterrado por AMLO en su memoria. Asunto resuelto hasta 2011 con una simple compraventa.
Mención aparte para el predio La Mexicana donde se proyectó construir más de cinco mil viviendas, centro comercial y oficinas. La descomunal idea fue repudiada por vecinos que desde lejos miraban la insuficiente infraestructura y el impacto integral que tendría. Protestas, bloqueos, enfrentamientos, terminaron por hacer que Miguel Ángel Mancera determinara que el predio La Mexicana será un parque con áreas e infraestructuras que le den sustento ambiental y económico, claro.
Santa Fe es un desafío permanente para la creación de vialidades ,ya que en todas direcciones encuentra elevaciones y barrancas, algunas tan profundas como la de Tarango, en donde se construyó el Puente de los Poetas, fracción de la Supervía Poniente, la cual logró darle salida a la zona rumbo al sur, aunque lejos del plan de los 80 de llevarla hasta el Colegio Militar en la carretera a Cuernavaca.
Centros de Exposiciones, nuevas extensiones para continuar construyendo han forzado al límite la vialidad y el transporte público en Santa Fe. Deslaves, falta de agua y de drenaje, no sacian voracidad alguna. Pasar por carretera hacia Toluca permite, aun a 80 kilómetros por hora, observar nuevos desafíos a la gravedad, taludes recortados, montes desplazados para crear más terrenos donde construir y vender. Santa Fe y sus tiraderos apuestan al olvido y al entierro.
Este artículo fue publicado en La Razón el 17 de Noviembre de 2015, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página
