Marcelino, Lesvy, Edomex, Javier Valdez, redes sociales y periodismo
Las redes sociales, por sí mismas, no hacen periodismo y no sustituyen a los medios convencionales. Se complementan y cada cual realiza una función distinta. A continuación unos ejemplos recientes:
1.- Por las redes sociales, se supo que Marcelino Perelló hizo declaraciones irresponsables sobre la violencia sexual contra la mujer en los micrófonos de Radio UNAM. Las reacciones de los usuarios fueron en varios sentidos: unos exigieron su salida de la emisora y una postura clara de las autoridades universitarias; otros reivindicaron su derecho a la libertad de expresión más allá de cualquier cosa y muchos más, simplemente se dedicaron a llenarlo de adjetivos tanto o más soeces que los usados por el exconductor del programa Sentido Contrario.
La investigación periodística permitió establecer que no fue una, sino varias las ocasiones en que Perelló utilizó su espacio radiofónico para emitir expresiones que contravenían varias leyes y reglamentos de la emisora y de la propia UNAM, ante la complacencia de sus directivos.
2.- Tras conocerse el hallazgo del cuerpo sin vida de una joven en las instalaciones de Ciudad Universitaria, el afán de algunos servidores públicos de la Procuraduría de la Ciudad de México por colocar el tema en las redes sociales, los llevó a subir mensajes que vulneraban la dignidad personal de la víctima, además de los protocolos de la institución.
Casi de inmediato aparecieron los hashtags para demandar el esclarecimiento del caso y mayor seguridad dentro de la UNAM. No faltaron, en esa impulsividad que mueve a los cibernautas, quienes convirtieran el caso en un crimen de Estado y una bandera contra el sistema.
El equilibrio lo puso el periodismo, ese que ha dejado en claro que aún no hay los elementos suficientes para tipificar la muerte de Lesvy Osorio como feminicidio. Y que también anota que la omisión de sus autoridades y las interpretaciones maniqueas de la autonomía universitaria, han puesto a la UNAM en una situación de vulnerabilidad frente a otros delitos como asaltos o venta de drogas, que afectan a hombres y mujeres por igual.
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3.- Las redes han sido un protagonista fundamental en el proceso electoral del Estado de México. Tendencias van y vienen por parte de los equipos de los principales candidatos, sus seguidores y también sus aliados dentro de la prensa, quienes ya no ocultan su militancia, lo cual no debe ser motivo de escándalo puesto que todos los medios de comunicación en México y el mundo, sin excepción, tienen alguna inclinación política o ideológica. El problema viene cuando en nombre de ella, se distorsionan los hechos, se calumnia o se alienta el aplastamiento del adversario.
En esta lógica se inscribe que un grupo de actores, cuya simpatía política es del dominio público, grabe un video y lo suba a las redes, no tanto para invitar a votar, sino a no hacerlo por el PRI. O que Proceso, que hasta hace unas semanas ignoraba al candidato del PRD, Juan Zepeda, de pronto descubre que “el PRI le paga” para mantenerse en la contienda hasta el final en vez de declinar por la candidata de Morena. O que medios como Aristegui Noticias o Sin Embargo, coloquen el asalto a un camión de la banda musical Molotov en una carretera del Edomex, con un obvio tufo electoral. O que el conductor de radio, Javier Risco, medio en broma o medio en serio, acuse públicamente al candidato priista de robarse su pluma después de una entrevista.
Dentro de todo, la cobertura informativa ha permitido conocer a los candidatos y lo que proponen para que los electores mexiquenses tomen una decisión muy personal, más allá de cuántos trendings topics se hayan creado hasta el día de la elección.
4.- El asesinato de director del semanario Ríodoce, Javier Valdez fue la gota que derramó el vaso para que medios y periodistas de todo el país se unieran para exigir a las autoridades acciones definitivas esclarecer los crímenes de informadores y garantizar mejores condiciones de seguridad para llevar a cabo su labor. Las redes sociales fueron el vehículo para convocar a manifestaciones de protesta y también para que cada medio dejara clara su postura sobre el periodismo y el clima de violencia que hay en México.
Sin embargo, esa unidad fue sólo parcial y coyuntural, porque la división que prevalece en nuestro país y a la que el periodismo no escapa, persiste. Mientras unos medios convocaron en redes a un día de silencio, otros manifestamos nuestra convicción de que el silencio contribuye a la impunidad, tal y como lo hiciera en su momento el compañero cuya memoria se buscaba honrar.
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El caso también sirvió para que simplificar a consignas contra el presidente, su ofrecimiento de aclarar los asesinatos y brindar más seguridad a los periodistas. El periodismo da los insumos suficientes para hacer una crítica fundamentada del discurso oficial, pero es más llamativo crear etiquetas y lanzar proclamas.
También afloraron los protagonismos de algunos, como el youtuber Callo de Hacha, quien usó su cuenta de Twitter para decirse víctima de amenazas de muerte; o el de Jenaro Villamil para acuñar el término “periodicidio”, sin un análisis más profundo de un fenómeno complejo y diverso.
El equilibrio debe venir de ese periodismo que no deje de denunciar cada amenaza, agresión y crimen contra cualquier periodista, sin distingo alguno. Que señale que la violencia es un fenómeno mucho más extendido y amplio al que todos los mexicanos estamos expuestos en mayor o menor medida. Que mucha de esa violencia se gesta en las propias redes que la denuncian, cuando se comparte información falsa, a sabiendas de que lo es, simplemente para joder a quien caiga gordo, o simplemente cuando no se acepta la diversidad de opiniones.
Ciertamente, gracias a Twitter, Facebook y YouTube muchos asuntos se conocen y se discuten, pero no siempre en forma asertiva. Y esa ahí, donde medios y periodistas deben contribuir a equilibrar y enriquecer esa información que las redes le proveen y no permanecer estacionado en la tendencia sólo para ganar clics.
