Opinión

¡No marchen!

Por Carlos Urdiales ·

La mexicanísima capacidad para sabotearnos se ve, se siente, está presente. México, que abarca sociedad y Estado, pueblo y gobierno, enfrenta una compleja coyuntura diplomática y económica por el mandato de Donald Trump en Estados Unidos. Relación binacional intensa, histórica y multifactorial que no puede mirarse en 140 caracteres, ni se perfecciona con bravuconadas propias del callejón, que no se resuelve en conversaciones telefónicas de una hora.

Los flujos migratorios, las deportaciones, las remesas, las soberanas fronteras y sus expresiones físicas han sacado del cajón de la normalidad ése y otros temas.

La economía nacional y nuestra dependencia comercial con Estados Unidos cambian de escenario, desvelan debilidades estructurales y estimulan la búsqueda de fortalezas, que no son pocas, para negociar tratados, viejos y nuevos.

Ahora Videgaray está allá y Kelly acá, las pláticas entre ambos gobiernos ocurren. Como ha sido y será siempre.

La caricatura que de sí mismo hace el presidente estadounidense, su estridencia pendenciera, sus afanes tuiteros y su talante pendenciero le mueven fibras a la sociedad mexicana.

Manifestaciones, espontáneas o no, van desde la siempre rápida mentada de madre a los memes, a las piñatas en el Senado, análisis y debates, al Himno Nacional a mitad de un encuentro de futbol, a ramplones partidos políticos que gritan “a México se le respeta” rematado con el chabacano coro homofóbico (otro debate nacional inacabado), banderitas, escudos, aplicaciones tecnológicas firmadas en verde, blanco y rojo.

Ganas y formas de decir que hay unidad nacional, que la solidaridad entre los que estamos aquí y los que se fueron subsiste, que el amor a la Patria está por encima de gobiernos y personajes.

Así, los llamados a la unidad frente a los retos internos y externos se popularizan, se desmarcan de lo oficial, de partidos y líderes políticos, hacen calle, tribuna, reclaman la participación de más.

La UNAM, la academia, la intelectualidad nacional en general, organizaciones no gubernamentales, más de 60 membretes le dieron publicidad y promoción a Vibra México (vibramexico.com.mx), gran marcha en la CDMX y en otras grandes ciudades este domingo 12 de febrero para mostrar al mundo nuestra cohesión frente a los cavernícolas modos del nuevo vecino.

Pero las agendas con causa reclaman su protagonismo. Fustigar que apoyar a México es aplaudirle al gobierno en turno, al de EPN, hace fácil la minúscula lucha. La desaprobación a esta administración es vía intravenosa para la desunión, para sabotearnos.

Mexicanos Unidos y Vibra Méxicoserán dos marchas compitiendo entre sí el domingo. Ambas dicen privilegiar el nacionalismo, una a secas, la otra con corchetes para reclamar rectitud, eficiencia, para repudiar la simulación en la cual, a su saber, incurre el gobierno de Peña Nieto.

Lo que pintaba grande se dibuja chico, actores sociales de dolorosos prestigios adquiridos han decidido competir entre sí. Quienes participen deberán elegir cuál marcha por la unidad nacional les acomoda mejor. ¡No marchen!


Este artículo fue publicado en La Razón el 9 de febrero de 2017, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.