Opinión

Paren las fiestas, la magisterial y otras

Por Carlos Urdiales ·

Desde acusaciones mediáticas sobre delegaciones saqueadas por perredistas, pasando por contratos para auditar aforos en autopistas concesionadas, a compras de equipamiento para telecomunicaciones, o contratos de obra pública sin olvidar moches a legisladores que direccionan millonarias bolsas a regiones y municipios, la fe pública en la honestidad de gobernantes está profundamente devaluada.

El Bronco, gobernador de Nuevo León, dijo: “se acabó la fiesta de los bandidos”. El neopolítico antisistema sabe que esa nota, la corrupción y los compadrazgos que fabrican millonarios en seis años tienen harta a la raza, a la de allá y a la de acá. También a la de Brasil, Chile, Guatemala. Lo sabe él, lo sentimos todos.

Faltan denuncias legales y pruebas, a pesar de perseguirse el robo, no la estupidez por dejar rastro. La transparencia no alcanza. Mañana un sitio llamado Zócalo Virtual convoca a protestar cívicamente contra la corrupción política. Y hoy se desarrolla el Seminario Internacional de la Red por la Rendición de Cuentas para fortalecer un sistema de responsabilidades.

El andamiaje sobre el cual caminan pingües negocios al amparo del poder político, impide traducir pruebas razonables, en consecuencias penales. El incentivo perverso subsiste, la impunidad. Explicaciones y sanciones de carcajada fortalecen la idea colectiva, indisoluble binomio poder y corrupción.

Maestro que falte se queda sin sueldo, maestro que se entregue al rentable oficio del “movimiento social” a costa de no trabajar será despedido. El Comisionado de la Policía Federal puntualizó lo lógico, respeto a la expresión, intolerancia a la violación de los derechos de los demás. Desde bloqueos hasta acciones vandálicas. Veremos.

Aurelio Nuño, titular de la SEP, luce con poco. Hacer cumplir la ley. Instrumentar esa ley educativa nacida del pacto que signaron las principales fuerzas políticas democráticamente electas. El chantaje y las amenazas de grupos sindicales se acabaron. La rectoría de la educación es del Gobierno federal y de las autoridades locales.

A Emilio Chuayffet debía llamársele a cuentas por omiso e indolente en el cumplimiento de sus obligaciones al frente de la SEP. A menos que el apreciado mexiquense haya privilegiado (junto con otro mexiquense subsecretario de Gobernación) el valor político electoral de la estructura magisterial, la sindical baluarte para operar elecciones federales. De lo contrario, la plausible lógica del nuevo titular de Educación hace lucir cómplice a su antecesor y permisivo al jefe de ambos.

Fiestas que urge terminar: La de los bandidos del erario público que controlan y centralizan presupuestos de todo sector para que en aras de eficiencia se traduzcan en comisiones y tajadas innombrables. La de los chantajistas políticos, maestros o morenos, que apelan a garantías y libertinaje. La fiesta de la demagogia efectista sustentada en el enojo, la ignorancia y la apatía social. La de las tolerancias políticas y electoreras a costa de la ley.


Este artículo fue publicado en La Razón el 13 de Octubre de 2015, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página