La CochinitaOpinión
Se encienden los focos rojos en la economía
Si no hay un cambio rápido de política económica, el sexenio podría terminar en una de las peores crisis económicas

Sin caer en el catastrofismo, las señales económicas para México no pintan bien. De no corregirse pronto los desequilibrios, hacia el final del sexenio de Claudia Sheinbaum podría gestarse una crisis capaz de recordarnos el desastre económico de José López Portillo o la crisis de finales del gobierno de Carlos Salinas de Gortari.
Deuda creciente, crecimiento insuficiente
El pasado 15 de octubre, HR Ratings recortó la calificación de la deuda soberana de México de BBB+ a BBB, debido al deterioro de las finanzas públicas y a las menores perspectivas de crecimiento, una llamada de atención sobre la sostenibilidad fiscal.
El problema es que el gasto público mantiene una rigidez que dificulta reducir el déficit, mientras el costo financiero de la deuda absorbe recursos que podrían destinarse a salud, seguridad, educación e infraestructura. En un país donde las carencias en los servicios públicos y las protestas sociales se vuelven cada vez más visibles, las presiones presupuestales no son un tema meramente técnico.
El encarecimiento del financiamiento puede trasladarse a empresas y limitar nuevas inversiones, mientras la incertidumbre comercial con Estados Unidos de cara a la revisión del T-MEC, añaden presión en un contexto que requiere de certidumbre para producir, contratar y crecer.
HR Ratings estima que la deuda alcanzará 54.5 por ciento del PIB al cierre de 2026 y podría llegar a 61.2 por ciento en 2030. También redujo su previsión de crecimiento promedio de largo plazo de 1.85 a 1.50 por ciento, mientras calcula una expansión de apenas 1.3 por ciento para este año.
El Producto Interno Bruto (PIB) apenas registra una previsión de crecimiento de entre 1.2 y 1.5 por ciento para el cierre de 2026, una expansión considerada "modesta e insuficiente", cuando, para estabilizar las finanzas y absorber las demandas del gasto público, México requiere crecer a tasas superiores al 2.5 por ciento anual. El Banco Mundial resalta que el país está creciendo por debajo del promedio de América Latina con un crecimiento tan modesto, será difícil generar los ingresos necesarios para sostener las obligaciones del Estado sin aumentar la deuda o restringir el gasto.
La inversión y el lastre energético
La debilidad de la economía también se refleja en la inversión productiva y en el estancamiento de sectores como la manufactura y la construcción. Las amenazas arancelarias de Washington y la incertidumbre sobre las reglas comerciales complican las decisiones empresariales, justo en momentos cuando México podría aprovechar la relocalización de cadenas productivas.
En el sector energético, la política de la 4T ha privilegiado el papel de las empresas estatales y parado en seco la participación privada. Las convocatorias para proyectos de inversión mixta prácticamente han sido ignoradas por la falta de garantías y de proyectos productivos. El monopolio estatal y la inestabilidad financiera de Pemex limitan la transición hacia energías limpias y baratas en el país. Las industrias globales que buscan establecerse en México necesitan electricidad suficiente, confiable y competitiva. Pero, las limitaciones de infraestructura, la incertidumbre regulatoria y la situación de Pemex terminan por ahuyentar proyectos de inversión.
Las agencias calificadoras y organismos internacionales ven a Pemex como el principal riesgo fiscal para México, que actúa como un "agujero negro" presupuestal agravando cada uno de los indicadores económicos del país.
Esto tiene un impacto en el PIB, porque, si se consolidaran contablemente de forma oficial los pasivos de Pemex y la CFE en la deuda nacional, la relación deuda/PIB de México saltaría de golpe alrededor de 8 puntos porcentuales adicionales, colocándola peligrosamente cerca del 60% de manera inmediata.
Optimismo oficial frente a las advertencias
Ante este panorama, la presidenta Claudia Sheinbaum mantiene una defensa firme del modelo económico del Humanismo Mexicano y rechaza los pronósticos más pesimistas. Sin embargo, su optimismo político no sustituye cifras ni resuelve desequilibrios fiscales.
La rebaja de HR Ratings advierte una trayectoria que exige correcciones. El país necesita crecimiento sostenido, inversión productiva, finanzas públicas más sólidas y una política energética capaz de ofrecer certidumbre, no retórica y bla, bla, bla.
Si el gobierno insiste en responder a las señales de alarma con discursos y promesas el costo terminará trasladándose a las familias y a las siguientes generaciones.
México todavía puede corregir el rumbo. Pero, si no hay un cambio rápido de política económica, el sexenio podría terminar en una de las peores crisis económicas y tardaremos décadas en salir del bache en que la demagogia, la corrupción y la ineptitud nos han metido.
X: @diaz_manuel




