Opinión

Segob-CNTE, las plazas y los pesos

Por Carlos Urdiales ·

Lo que no es educativo, es político. Lo que es económico, laboral y por lo mismo social, también es político. La suma de los factores nos altera, a algunos aterra, igual, el tema es político. Al titular de Gobernación le corresponde operar, con precisión de cirujano político, el coletazo contrarreformista más fuerte que ha surgido hasta el momento.

Según la encuesta trimestral de El Universal-Laredo-Buendía, sobre aprobación presidencial, el tema que mayor rechazo genera es el de las reformas estructurales implementadas por el gobierno, pero, aprobadas por el consenso de los partidos políticos mayoritarios.

Cruel paradoja, que el principal activo político de la actual administración, sea al mismo tiempo, lastre en términos de percepción social sobre las virtudes que, para el proyecto de nación, conlleva cada una de esas modificaciones constitucionales.

Mala comunicación, falta de narrativa, o el retraso en el impacto positivo de cada una, contribuyen a esa “incomprensión ciudadana” en general. Mal humor social.

La educativa no sólo es la reforma que devuelve al Estado la rectoría en la formación académica y cívica de niños y jóvenes, acota el poder desproporcionado que, por premisas coyunturales, gobiernos federales y estatales en el pasado, fueron entregándole al SNTE y a la CNTE, ala disidente del sindicalismo magisterial pero no diferente, ésta, en cuanto a intereses y objetivos.

El problema es político, es nacional, aunque por ahora esté encapsulado en Oaxaca y Chiapas principalmente, es laboral porque toca las fibras de una relación empleador-empleado, cambia la inercia viciada por la venta de plazas, visión patrimonialista de líderes nacidos y empoderados bajo esas premisas de control económico, político y social; alejados, por deformación, del tema pedagógico.

A eso se enfrenta hoy el secretario de Gobernación, lleva sobre sus hombros y buenos oficios, la responsabilidad del Gobierno federal todo.

Miguel Ángel Osorio Chong procesa qué tanto del monopolio gubernamental para el uso de la fuerza pública puede utilizar, cuánta de la coordinación con las entidades federativas le es recíproca; qué tantas capacidades ejecutivas tienen esos mandatarios, para cerrar las pinzas de las acciones que el Gobierno federal deberá asumir.

La comunicación pública del responsable del diálogo con la CNTE como pocas veces, requiere de dosis exactas de transparencia y estrategia. La posición del secretario de Gobernación es atacable desde las trincheras antisistémicas más radicales, mano dura o vocación represora, son conceptos simplones, de uso básico para denostar, simplificar lo complejo de una situación que debería ser procesada por todos, en su real dimensión.

El problema de ahora no es educativo, es político, la oposición a la reforma educativa es la única bandera posible para la CNTE, pero no es la real, su talón de Aquiles no está en las aulas ni en las evaluaciones, menos en los niños, está en las plazas y en los pesos.


Este artículo fue publicado en La Razón el 5 de julio de 2016, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.