Opinión

El regreso del Gran Elector

Por Alejandro Colina ·

Etcétera

Sad but true: a despecho de la alternancia del 2000, el presidente de la República continuará siendo el gran factótum político de México. Los recientes cambios en su gabinete lo demuestran. En los días siguientes una retahíla de columnistas políticos se entregó a la exquisita tarea de leer la baraja. Para describir el fenómeno con mayor precisión: la nueva baraja. ¿La baraja? ¿La nueva baraja? ¿Cuál nueva baraja? Pues la nueva baraja de la próxima sucesión presidencial. Noble ejercicio nigromántico: quien lee con entusiasmo acrítico la nueva baraja de los precandidatos del presidente de la República da por sentado que el presidente de la República fungirá como El-Gran-Elector-de-la-Nación. La voz del presidente será la Voz de México. La Voz o, mejor, el Dedo que decidirá, brillante y orondo, quién gobernará al país de 2018 a 2024. Nada nuevo bajo el sol: la opinión de los millones de electores que figuramos en el padrón electoral es lo de menos. Peña Nieto elegirá, él solo y su buena o mala conciencia, al nuevo presidente de México. De modo que resulta bien emocionante advertir cómo amplía y acota, cómo estira y afloja el abanico de suspirantes. Observar cómo el Preciso ofrece señales para el futuro y alienta y desalienta a sus posibles sucesores se impone, por momentos, como la gran ciencia de la ciencia política mexicana. Averiguar cómo Peña Nieto averiguará quién será el heredero de su trono deviene bello tópico de debate público. Y aquí, como en todas las esferas del quehacer humano, la información es poder y el poder información aplicada, puesta en marcha por quien al fin y al cabo la genera, en este caso el Gran-Dedo-Flamígero que amaga y señala, puede ser ese o ese otro, quizá aquél que coloqué más allá. La notoria debilidad de los partidos de oposición permite que esa pompa feliz del autoritarismo se celebre sin gran riesgo de truncarse en el camino, mucho menos en la recta final.

Por desgracia existe más de una razón para presumir que los poderes meta-constitucionales del presidente de la República se han reinstalado. Pese a que los votos ciudadanos ya cuentan y se cuentan, en 2018 solo uno contará de verdad. ¿Cómo será posible tamaña grosería? Bueno, lo será porque el PAN no acaba de reorganizarse para presentarse como alternativa viable al PRI. Porque la izquierda ya se acomodó en la fragmentación –y si uno de sus políticos presidirá la Cámara de Diputados solo será para que esa fragmentación aumente, no para que disminuya. Porque una candidatura por la libre difícilmente derrotará la extensa y aceitada maquinaria priísta –y si la derrota difícilmente podrá gobernar el país; recordemos que con los presidentes panistas los gobernadores se afirmaron como señores feudales en sus territorios; ahora imaginemos qué harían con un presidente sin respaldo partidario. En fin, porque millones de ciudadanos volverán a votar por el PRI para corroborar que, en efecto, el Gran Elector ha vuelto, y con él el emocionante juego de leer la baraja en el que participa un significativo número de columnistas lúcidos y libertarios.