Opinión

Internet, redes sociales y procesos políticos

Por Ana Lilia González ·

Hace algunos días concluyó en México el proceso electoral en varios estados de la república mediante el cual la ciudadanía eligió a quienes asumirán en los próximos meses, las encomiendas de gobernar estados y ayuntamientos así como representarle en los congresos locales.

12 entidades federativas tuvieron elecciones locales en un proceso con matices interesantes respecto de los cuales merece la pena reflexionar, particularmente desde la esfera del mundo virtual, es decir, Internet y las redes sociales que fueron considerados como parte de las estrategias de marketing político que los contendientes utilizaron en sus campañas.

Partiremos de dos ideas en este análisis, en primer lugar las redes sociales como un instrumento de democratización y en segundo lugar –no en relevancia- la más elemental, vistas como una caja de resonancia de determinados mensajes y contenidos.

La primera vertiente se sustenta en el acceso a la información y la transparencia como punto de partida para la decisión informada -de la que tanto se habla- al momento de elegir por quién votar. En este campo de acción, en la visión más romántica se le confirió a las redes sociales un poder para generar opinión a partir de sus atributos de horizontalidad en el acceso –aunque esto no es del todo preciso y cierto- inmediatez y confiabilidad.

Sí, confiabilidad -aunque hoy parezca extraño- las personas podrán desconfiar de sus semejantes, pero no de lo que circula en las redes sociales, más aún cuando los mensajes o contenidos tienen como fuente personajes famosos o con determinado nivel de reconocimiento social. Un claro ejemplo es la réplica de mensajes en Twitter de que alguien murió, sin corroborar la noticia siquiera. Pareciera que la consigna es “si está en las redes, es porque es cierto”

Llamadas a propagar los ideales de democracia y libertad, así como a romper los bloqueos informativos establecidos en los regímenes autoritarios, en realidad el impacto de las redes ha resultado ser mucho más complejo y ambiguo de lo que se esperaba.

No todo lo que circula en las redes, es precisamente cierto y confiable, como tampoco toda la información que debería ser útil para la decisión informada, es del interés ciudadano. Lo anterior aún y cuando hoy en día Internet y las redes sociales son la principal fuente de información política para el electorado, casi todos opinamos de política en la web, con o sin conocimiento.

En términos prácticos, hoy es más fácil acceder a las plataformas de los partidos, biografías y discursos de los candidatos o bien, a los análisis sobre el desempeño de los funcionarios que buscan un puesto de elección popular. Pero ¿Qué tanto interés real existe en esta información? ¿Es determinante para la decisión final? En México no pareciera ser así, los usuarios de información de fuentes oficiales y confiables continúan siendo escasos, no deja de circular en el mundo de los investigadores, los periodistas o determinados grupos de interés.

Esto nos conduce a la segunda vertiente de la reflexión, la de las redes como caja de resonancia.

La reciente contienda electoral en México, pone de manifiesto que Internet y las redes sociales también se han transformado en el principal escenario en que se desenvuelven las guerras sucias y las campañas negras, estos medios han ganado terreno en las estrategias de marketing para posicionar a los candidatos.

Las herramientas favoritas son la información falsa o distorsionada, descalificativos sin fundamento alguno, imágenes y audios trucados o editados; cualquier elemento que pueda propinar un golpe letal al contrincante y aunque no es consuelo, dadas las características de la Red, en ningún país la autoridad ha logrado regular eficazmente estas prácticas. A lo cual se suman miles de usuarios que sin corroborar las fuentes de información, replican contenidos de forma indiscriminada.

Es indudable el efecto que la información negativa de las redes puede tener en los procesos electorales, al grado de volver altamente inestables los niveles de preferencias de los candidatos, los cuales se mueven conforme surgen noticias embarazosas sobre su vida profesional, pero sobre todo de su vida privada e hasta íntima.

Tal vez la principal causa por la que Internet y las redes sociales no se conviertan en una real herramienta de democratización, es que en ellas no se construye ciudadanía. El uso de estos mecanismos, informativos mas no formativos, con predominio de la imagen sobre el contenido, proporcionan pocos elementos para que el usuario “normal” reflexione y de manera racional construya una visión política bien sustentada. En las redes no se lee, solo se visualiza.