Etcétera

Gobierno sonámbulo

Sonámbulos, del historiador australiano Christopher Clark, ha tenido la rara virtud de entrar rápido al imaginario político. Es un ensayo influyente sobre el origen de la Primera Guerra Mundial, cuya idea-fuerza es que los líderes europeos no fueron conscientes de la gravedad de sus decisiones y caminaron como sonámbulos al precipitarse en el conflicto. La crisis política de la Unión Europea, por la situación desgraciada de Grecia, despertó el temor de que otra vez los líderes anduvieran y hablaran dormidos. Así lo verbalizó el líder de los liberales en el pleno de la Eurocámara, Guy Verhofstadt: “Estoy enfadado porque estamos caminando sonámbulos hacia la salida de Grecia del euro” (El País, 12/8/15).

¿Cómo camina el gobierno mexicano para recuperar la confianza perdida en el último año por la convergencia de múltiples crisis de corrupción, derechos humanos y desaceleración económica? Al escuchar a Virgilio Andrade, secretario de la Función Pública, en su road show para defender el informe que exonera al presidente Peña Nieto del escándalo de la Casa Blanca, compartí la sensación: sonambulismo. Tras seis meses de investigación cierra el caso Higa en medio de la misma percepción de impunidad y del “aquí no pasa nada”. Las disculpas públicas del Presidente a los “indignados” refuerzan la impresión de que su gobierno avanza sin reconocer su grave crisis de credibilidad.

Andrade siempre supo que nadie creería las conclusiones sin responsabilidad alguna para ninguno de los involucrados, por tratarse de un subordinado y amigo de los implicados. Sin un marco jurídico que regule y sancione el conflicto de interés en las leyes mexicanas, el quid pro quo de la investigación no sería jurídico, sino político. ¿Puede ser creíble un fiscal sin independencia e imparcialidad que investigue al Presidente? ¿Peña Nieto puede esperar que la investigación de un subalterno sirva para recuperar la confianza de la ciudadanía? ¿Qué valor tienen una disculpa por un caso de corrupción que, según el informe, nunca existió, en uno de los países que, de acuerdo con Transparencia Internacional, menos hace para sancionar esas conductas de corporaciones y gobernantes?

Las decisiones del gobierno para salir de su pasmo del último año parecen originarse en el sueño del ejercicio del poder de otras épocas y caminan como sonámbulas, sin advertir sus consecuencias. En efecto, es una ilusión pensar que la simulación del poder vertical y omnímodo de otros tiempos pueda funcionar hoy para despejar las sospechas de corrupción de sus gobernantes o para salir de la crisis de desapariciones forzadas que emergió con Ayotzinapa, sin conclusiones convincentes.

En efecto, otro ejemplo de la falta de ponderación de las decisiones es la respuesta a la crisis de derechos humanos por los crímenes de Tlatlaya y Ayotzinapa. El gobierno invitó a la CIDH a investigar la desaparición de los 43 normalistas de Iguala, pero nunca podría haber creído que sus pesquisas vendrían a cerrar el caso. Y sus avances confirman que el expediente sigue abierto, pese a que la PGR en enero pasado trató de dar carpetazo al asunto cuando presentó su informe final con la “verdad histórica” de ese crimen delesa humanidad. ¿El gobierno pudo esperar que recuperaría la confianza internacional sin el riesgo de reabrir la investigación o debió seguir otras líneas de investigación?

Ahora que el gobierno trata de retomar el rumbo, lo más inquietante es ver que poco se ha preguntado si las cosas podrían haber sido diferentes con otras decisiones. Ante las crisis que se avecinan, convendría recordarle las primeras frases del ensayo de Clark: “Los protagonistas de 1914 eran como sonámbulos, vigilantes pero ciegos, angustiados por los sueños, pero inconscientes ante la realidad del horror que estaban a punto de traer al mundo”.


Este artículo fue publicado en Excélsior el 23 de Agosto de 2015, agradecemos a José Yuste su autorización para publicarlo en nuestra página

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