México retoma el liderazgo en la diplomacia regional

Al ponerse al frente de los esfuerzos por restaurar el hilo democrático en Venezuela, la política exterior de México (la antaño famosa “escuela de Tlatelolco”) ha recuperado el vigor que tuvo hasta hace casi dos décadas, cuando destrabó la crisis de los balseros cubanos en el estrecho de La Florida.


El reciente recibimiento en Los Pinos de la opositora Lilian Tintori fue el aviso nítido a la dictadura de Nicolás Maduro de que son enérgicos los auspicios de México para conseguir, mediante el consenso continental, que en Venezuela se reinstale el Congreso y se realicen elecciones presidenciales.


Algo deben saber quienes siguen aferrados a la Doctrina Estrada: México es una democracia que se somete a escrutinios de todas las organizaciones internacionales en materia de derechos humanos, admite la presencia de observadores en sus elecciones, signa los convenios más progresistas…


El Estado mexicano no debe tener ningún complejo a la hora de exigir a otros países el respeto a los derechos humanos, la realización de elecciones libres y certificadas por la comunidad internacional, la liberación de presos de conciencia, la firma de tratados contra la proliferación de armas nucleares…


¿Que nuestra democracia es imperfecta? Sí, como lo es también la de Estados Unidos, donde las elecciones presidenciales de hace apenas 17 años se realizaron en medio de una polémica homérica por un desaseado recuento de votos que dio el triunfo a Bush sobre Gore, 271 votos electorales contra 266.


Pero el liderazgo de México de 14 países de la región que abogan por el restablecimiento de la democracia en Venezuela, saca a nuestra política exterior de la zona de confort en la que vivió en la segunda parte del sexenio de Fox y todo el de Felipe Calderón.


Fue una década en que tuvimos una cancillería regida por la ley del menor esfuerzo, sin audacia, lenta, insegura. Por ejemplo, la bandera de los rebeldes que tumbaron en Libia a El Khadafi ya ondeaba en la embajada de ese país en Polanco… y todavía México reconocía como presidente al asesinado dictador.


Sin embargo, es loable que se haya entendido otra vez nuestro papel en el mundo, y especialmente en el continente después de que, en el arranque de este gobierno, José Antonio Meade priorizara el acercamiento con los 20 países con mayor intercambio comercial (77 por ciento del comercio global).


Durante la gestión de Meade como canciller, la tarea indicada fue pulir las relaciones económicas mundiales para apuntalar las 13 reformas del inicio del sexenio. Pero hoy la realidad es otra: con la dictadura de Venezuela la democracia corre peligro en la región.


Nuestra diplomacia vuelve a ser grande en un momento crucial de Latinoamérica.


Y eso: hay que decirlo.



Este artículo fue publicado en La Razón el 11 de abril de 2017, agradecemos a Rubén cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.

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