El presidente Enrique Peña Nieto esperó mucho tiempo para hacer cambios en su gabinete. Días antes de su tercer informe de gobierno tomó, al fin, esa decisión. El nombramiento del dirigente del PRI, atribución del presidente de la República priísta en turno, no podía esperar y él, obligado por las circunstancias, se decidió por Manlio Fabio Beltrones.
A partir de ese primer movimiento estaba obligado a realizar ajustes en su gabinete de cara a la elección presidencial del 2018. Siempre en la segunda etapa del sexenio, más desde que existe una real competencia electoral, el presidente está necesitado de tener una baraja amplia de posibles candidatos a sucederle.
De los 10 cambios, en realidad enroque de posiciones dentro del mismo gabinete, dos se inscriben en la lógica de la elección presidencial: el de José Antonio Meade (46), que pasa de la titularidad de la Secretaría de Relaciones Exteriores a la de Desarrollo Social (Sedesol), y la de Aurelio Nuño (37), que deja la Oficina de la Presidencia de la República para encabezar la Secretaría de Educación Pública (SEP).
La SRE y la oficina de la presidencia, por más importantes que sean, en razón de sus propias tareas, no son un buen espacio para que la sociedad conozca y entre en contacto con sus responsables. Ellos suelen ser funcionarios capaces, pero siempre van a pasar desapercibidos para las grandes mayorías. A uno su trabajo le exige estar gran parte de su tiempo fuera del país y al otro mantener un bajo perfil y estar alejado de los medios.
Las dependencias que permiten un mayor contacto con la ciudadanía, con los gobernadores, con los medios y también con el manejo de recursos para financiar proyectos que impactan directamente a la gente son la Sedesol y la SEP. Esto las constituye, más en la segunda etapa del gobierno, en poderosas plataformas de lanzamiento a la presidencia de la República para quienes las encabezan.
El presidente decidió poner en la carrera presidencial a Meade y a Nuño. Ahora depende de su inteligencia política y su capacidad técnica para realizar su tarea si pueden o no crecer, para al final ser vistos como candidatos a la presidencia. Las plataformas que ahora ocupan ofrecen múltiples posibilidades, pero también muchos frentes problemáticos. A partir de este momento, ellos van a acumular apoyos, pero también ser objeto de fuego amigo.
Los titulares de la Secretaría de Gobernación, Miguel Osorio, y de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray, permanecen en sus puestos. En los primeros años del gobierno estuvieron siempre considerados como los posibles candidatos a la presidencia. Los dos en el ejercicio de su función han sufrido un evidente desgaste. Por ahora los dos parecen ser relegados de la aspiración presidencial y pasan a un segundo plano.
Este artículo fue publicado en El economista el 30 de Agosto de 2015, agradecemos a Rubén Aguilar Valenzuela su autorización para publicarlo en nuestra página
