El mayor problema que tienen los centros turísticos del país son sus abiertas contradicciones sociales. En mayor o menor medida no hay lugar en que no se presente este fenómeno.
Sobre la belleza de muchos destinos conviven dos mundos. El que da la cara e imagen de los centros turísticos, a través de quienes ofrecen los servicios junto con los extraordinarios paisajes naturales, y por otro lado el mundo de quienes trabajan en ellos.
Es común ver grandes hoteles, restaurantes, departamentos y casas casi colindando con pequeñas viviendas con el mínimo de servicios.
En esos lugares viven los trabajadores que dan la cara y echan a andar la vida e imagen del turismo. Son viviendas que difícilmente tienen servicios básicos en donde en muchos casos viven hacinados en pequeños cuartos.
Es la gran paradoja de vivir de día o de noche, según su turno laboral, entre grandes lujos ataviados con una buena vestimenta, a llegar a sus viviendas en donde todo es por lo general exactamente contrario.
Cada vez más jóvenes se quieren dedicar a esta profesión, es atractiva y hasta aspiracional. No es casual que en muchas instituciones de educación superior se ofrezca la carrera de turismo y áreas afines; el país se ha ido profesionalizando.
Los servicios que ofrecen los centros turísticos mexicanos son cada vez mejores y, quizá lo más importante, la industria está siendo dirigida por personas cada vez más preparadas con una clara vocación de servicio y enorme gusto por lo que hacen.
Sin embargo, el caos y la mala planeación en muchos lugares sigue siendo una constante. A lo largo de años se ha prometido que las cosas van a cambiar pero al final todo sigue igual, y en diversas ciudades se han agudizado los problemas.
La otra gran variable que nos tiene en vilo es la de la inseguridad. El tema le pega de manera severa a los centros turísticos, porque además hoy en día los gobiernos en el mundo lanzan alertas para quienes pretenden viajar.
La imagen del país es en este sentido realmente mala, a pesar de esto habrá que reconocer que los prestadores de servicios turísticos han logrado revertir lo que pasa, lo que se dice y lo que en otras ocasiones se exagera.
La tarde del pasado viernes se echó andar la enésima estrategia a favor y en apoyo de Acapulco. Pocos centros turísticos del país muestran de manera tan clara las contradicciones económicas y sociales. Acapulco ha sido, al menos en los últimos 20 años, al mismo tiempo la gloria y el infierno.
De cómo se establezcan políticas que cambien el rostro y la vida en Acapulco puede estar el futuro del turismo en la presente administración. La razón está en que el puerto es el gran centro turístico de los mexicanos y de muchos extranjeros, tiene una historia fascinante y es un lugar entrañable y bellísimo.
El reto es mayúsculo y formidable. Si se logra revertir la situación; si se va reordenando la ciudad; si se actúa a favor de la población con programas, que no politiqueros y asistencialistas, que favorezcan el medio ambiente, las playas y el mar; si se diseña otro tipo de transporte público; si se crean zonas peatonales en áreas que hoy concentran a muchos turistas, entre ellas algunas calles de la Costera. Pero sobre todo, si ahora, por fin, da resultado la estrategia en contra de la inseguridad, la fórmula sería de uso múltiple en el país.
Lo que no se debe hacer son videos como el que hizo la Secretaría de Turismo. Además da la impresión que no hubo acuse de recibo de las críticas, si nos atenemos a lo que se hizo en la feria de Berlín.
En el Tianguis Turístico se notará cómo ven a la industria, la cual, que no se olvide, es definitiva para las finanzas del país.
RESQUICIOS.
López Obrador le pide al rey de España que se disculpe por la Conquista, la monarquía rechaza con “firmeza” la petición. A dos años de los 500 años de la llamada “conquista” esto apenas empieza.
Este artículo fue publicado en La Razón el 26 de marzo de 2019, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.
