Recomendamos: Pasamos de la “mal llamada” a la mal cambiada, por Carlos Loret de Mola

La reforma educativa que aprobaron los diputados la semana pasada deja ganadores y perdedores.

Por ahora, gana la CNTE casi todo lo que exigía, gana la actual dirigencia del SNTE y gana Elba Esther Gordillo como factor de poder.

Pierden los maestros que habían logrado depender de sus conocimientos y su preparación para obtener ascensos y mejoras salariales, en vez de deberle la vida a los caciques sindicales.

Pierden los niños de México. La calidad de la educación que reciben del Estado vuelve a estar en manos de organizaciones sindicales que saben hacer política, pelear por prebendas y usar su poder para controlar a los maestros: avanzan los que mejor sirvan a los intereses del sindicato, no los que trabajen más y enseñen mejor a los alumnos.

Aparentemente gana el presidente López Obrador y su 4T. Pero habrá que esperar. En una de esas tanta concesión al SNTE, la CNTE y Elba Esther Gordillo tiene repercusiones negativas, aunque no sean inmediatas. Ya les mostró que pueden someter al Congreso, dictarle tiempos, decidir si sesionan o no y corregirles hasta los dictámenes de reformas constitucionales a su gusto. Pensar que con lo que les ha otorgado cesarán sus chantajes es un error que han cometido varios gobiernos.

La mencionada terna de fuerzas sindicales gana claramente en lo que fue siempre el punto central de su rechazo a la reforma del sexenio anterior: se acaban las evaluaciones de un organismo autónomo y experto, y recobran la capacidad de decidir, en negociación con el gobierno, quién sube en el escalafón, quién obtiene mejor sueldo y quién ocupa plazas vacantes. Los maestros regresan a la indefensión frente al poder de las cúpulas sindicales.

Más información: http://bit.ly/2WdXdoI

Autor

Scroll al inicio