Recomendamos: Así ocurrió la detención de Duarte, por Gil Gamés

Ríos de tinta han corrido por los cauces del diarismo mexicano, innumerables versiones, inacabables historias acerca de cómo fue detenido Javidú en Guatemala, en el Hotel La Riviera de Atitlán. Héctor de Mauleón ha resumido en la columna de su periódico El Universal, “En Tercera Persona”, las diversas tramas: que le poncharon el internet al gordo y tuvo que salir de su departamento a buscar la señal y ahí le echaron el guante; que si quería un trago y que la ilusión de un whisky produjo la captura; que si una huella dactilar les hizo saber a los hombres de la Interpol que se trataba de Duarte y que al llegar al cuarto Javidú dijo: “Así es, señores, soy el gobernador Javier Duarte, ya no vale la pena seguir fingiendo otro nombre”, a esta versión le faltaron las últimas frases: “si tuviera parque no estarían ustedes aquí”.


Otra trama propone que el ladrón se encontró a la policía en el pasillo y les dijo: “Buenas noches”, esta historia es algo anticlimática. Después de horas de investigación, entrevistas y acopio de documentos, De Mauleón dio su propia versión: Duarte habría bajado al vestíbulo del hotel donde previamente dos policías disfrazados jugaban billar. Los policías bebían cerveza Heineken y hablaban árabe para destantear al enemigo: Wa alaikum assalam. Y su compañero responde: A’oozu bi lagi minash sahitani ammantu bil laahi wa.


Gil tomó algunas clases de árabe y puede traducir lo que dijeron los policías políglotos: Oye, ahí está el pinche gordo, ¿lo agarramos? Respuesta: no, pérate hasta que nos den la puta orden y le caemos al ojete. Cuando Javidú los oyó hablar en árabe, lógicamente no pensó que serían sus captores y no les dio importancia. Las labores de inteligencia de la policía son cada vez más serias y originales.


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