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La elección presidencial de 2018 se jugará en muchas bandas. En la política nacional, claro. Pero también en la arena internacional, geopolítica y financiera. En la política regional latinoamericana. Parece improbable hoy, cuando Nicolás Maduro está contra las cuerdas, que Venezuela intente jugar un papel en nuestras elecciones. He escuchado y leído a varias personas que, ante el incómodo tema del chavismo de exportación y su conexión mexicana, tratan de desacreditarlo: “¿Otra vez con eso?” Como si fuera cosa juzgada y aclarada. Ni lo uno ni lo otro.



¿Puede Maduro, para intentar salir de la asfixia política en la que se encuentra, dar apoyo a Morena a fin de formar un Eje México-Caracas- La Habana? Se quiso hacerlo antes, ¿por qué no habría de hacerse ahora?



Hace todavía un par de meses, el 7 de febrero de 2017, López Obrador fue entrevistado por León Krauze. Éste le preguntó al eterno candidato: “¿Mejor aquella democracia [la venezolana] que la nuestra?” Sin pensarlo un segundo López Obrador respondió con un “sí” contundente.


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