Siempre que el tema de la corrupción se apodera de la agenda pública (como ahora, tras la videograbación difundida por El Universal, de una diputada de Morena recibiendo medio millón de pesos) cobra vigencia un diálogo de un libro mexicano imprescindible: El cerebro de mi hermano.
En la obra de Rafael Pérez Gay conversan el narrador y un personaje de la historia:
—¿Por qué te molesta Andrés?
—Voté por él. Te voy a decir qué me molesta de él: que sea un conservador de izquierda. Nunca militaste ni hiciste política activa, Pepe, ¿por qué ahora? —¿Has visto el país? —me dijo con genuina intensidad—. López Obrador es un hombre honesto. Además, Andrés es mi amigo, como mi hermano. —Dime sus posturas ante la interrupción del embarazo —le salí al paso—, el matrimonio gay, la adopción en parejas del mismo sexo, la despenalización de las drogas. Dime. No sólo tienes que llevarte dinero a puños a tu casa para ser deshonesto.
Por eso Miguel Barbosa tiene razón al advertir que “por el lado de la deshonestidad no van a agarrar a López Obrador”. Y el propio AMLO acertó ayer, al asegurar que sería rico si tuviera todo el dinero del que existen pruebas que cercanos suyos piden por él.
Habría que saber qué es “deshonestidad” para Barbosa y AMLO: si es tener playas privadas, aviones, relojes caros… Barbosa tiene razón: “no lo van a agarrar”. Porque AMLO no es hombre frívolo. Vive y viste modestamente, no usa el dinero en oropeles.
Es un hombre de poder y quiere el dinero para tener poder. No para payasadas. Pero dinero tiene mucho. Es uno de los políticos que más gastan. Si quiere ir a Italia, va a Italia; a Nueva York, pues a Nueva York; recorrer todo el país, pues todo el país.
Desde hace 17 años realiza una campaña presidencial carísima y sin pausas, con dineros de origen desconocido, como el medio millón de pesos de Eva Cadena. En 2006-12, gastó mil 200 millones de “donativos”, según sus reportes al IFE.
¿Quién se los donó? No se sabe. En marzo de 2016, Morena admitió en la respuesta a una solicitud de la Ley de Transparencia recibir 126 millones 416 mil 389 de pesos en “donativos”. ¿Quién los donó? No se sabe. En la campaña de 2012, AMLO fue el candidato que más gastó.
Según el IFE, rebasó los gastos de campaña en 62 millones 766 mil pesos. Se la pasó denunciando que el PRI “compró la Presidencia con dinero”, pero a él no le bastaron los 336 millones que el IFE autorizó gastar a cada candidato. No. AMLO no es rico. ¿Para qué querría serlo? Si tiene todo el dinero que quiere.
Este artículo fue publicado en La Razón el 25 de abril de 2017, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.
