A Gustavo Madero es imposible regatearle que posee algunas características que en 1927 Ortega y Gasset definió como obligatorias para los políticos puros: “impulsividad”, “falta de escrúpulos”, “talento para el engaño” y “ausencia de refinamiento en las ideas”.
Porque le permiten hacer lo que quiere sin consideraciones políticas. Por ejemplo, como todavía dirigente nacional, pide al PAN “cercanía con los ciudadanos”, pero acaba de designar a alguien que le dicenPacomoches y Pacobono para candidato a alcalde en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.
Francisco Rojas competirá en las elecciones del próximo 19 de julio, en la capital chiapaneca, pese a que recién fue exhibido recibiendo fajos de billetes de un empresario y, sin pudor, hizo burlas mientras los agarraba diciendo que “esperaba” no ser videograbado “como Bejarano o Ahumada”.
Antes, el candidato de Madero había sido cesado en 2007 por la Sedesol (e inhabilitado por la Secretaría de la Función Púbica) después de haber corrido a 126 funcionarios de dicha dependencia para sustituirlos por amigos y familiares.
Y cuando fue presidente municipal en Tuxtla Gutiérrez (1999-2001) se autootorgó un bono de dos millones 700 mil pesos, lo cual le valió el mote de Pacobono y las críticas de los militantes contrarios al alejamiento del actual blanquiazul de la decencia de los ideales de sus fundadores.
Madero no debió candidatear a Rojas porque refresca su comentada asociación con los moches de alcaldes panistas a cambio de asignaciones presupuestales. Sólo el de Celaya recibió 160 millones de pesos por una comisión de 35 por ciento y la contratación de determinada constructora.
También hace recordar que Madero hizo diputado al ex alcalde de Monterrey Fernando Larrazabal, cuyo hermano, Manuel Jonás, visitaba casinos y recibía hasta 400 mil pesos, poco antes de que sicarios quemaran vivas a 52 personas en el Casino Royale para presionar a los dueños a pagarles más.
Los casinos de Monterrey financiaron en 2006, con al menos cinco millones de dólares, las campañas panistas a alcaldes y diputados, según el Departamento de Estado de Estados Unidos, que identificó a los hermanos Rojas Cardona, los zares de los casinos, como “refaccionadores” del PAN.
De ahí que lo mejor que le puede pasar al PAN es que Ricardo Anaya sea su próximo dirigente nacional, no sólo por su juventud con experiencia y sus cualidades de conciliador y aglutinador, sino también porque no tiene relación con moches ni casinos ilegales.
Anaya representa un mejor rostro que Madero en un PAN necesitado de elementos de refresco: a sus 36 años, encarna el urgente cambio generacional en un partido cuya militancia tiene promedio de edad cercano a los 60 años.
Y debería tomar distancia, cuanto antes, de personajes como Pacomoches, que alejan al partido de la ciudadanía.
Este artículo fue publicado en La Razón el 03 de Julio de 2015, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página
