La honestidad debe ser de verdad valiente

Quienes apoyan a AMLO desde otros partidos, sin irse a Morena, no hacen bien a su jefe real, porque no parecen honestos ni valientes, siendo que uno de los eslóganes de AMLO es todavía… “Honestidad valiente”.


Por ejemplo, si Miguel Mancera no echa a su hasta hace poco secretario de Turismo, Miguel Torruco; y el viernes pasado a su exsubsecretaria de Gobierno, Leticia Quezada, ambos habrían seguido traicionando para AMLO, lo cual no es honesto.


Se acepta que alguien venda su trabajo y no su alma, pero es opuesto a la honradez ganar dinero y simular colaborar con un proyecto cuando se trabaja en favor de otro. Torruco y Quezada lo hicieron y prefirieron aceptar el deshonor de ser echados a ser dignos.


Pero hay otros topos haciendo labor de zapa para Morena en todos los partidos, de los cuales se irán desgajando de manera oportunista (escrito de manera decente) o al estilo de las ratas que abandonan los barcos que naufragan (escrito de manera coloquial).


Porque los hay en todos los partidos: no es privativo del PRD, como sonó tanto la semana pasada, al conocerse que nueve senadores del sol azteca mueven 89 millones de pesos de sus recursos públicos a causas no perredistas, en especial a Morena.


Por ejemplo, Zoé Robledo mantiene su escaño por el PRD pero hace campaña para ser candidato a gobernador en Chiapas por Morena, partido al que dedica los ingentes recursos de nuestros impuestos que percibe como legislador perredista. Veamos cuánto:


—Accede por dietas a un millón 404 mil pesos; por concepto de asesores, 900 mil; para gestión territorial, 624 mil pesos, y capacitación para sus colaboradores, 360 mil.


—En vales de gasolina, 180 mil pesos; por telefonía celular, 60 mil pesos; por comidas, 67 mil 200, y de aguinaldo, 156 mil pesos; por prima vacacional, 29 mil pesos, y de estímulo anual otros 156 mil pesos.


—Esto hace un total de tres millones 936 mil 200 pesos al año.


Los posibles votantes de Robledo le agradecerían que renunciase ya a su escaño como senador del PRD y se quitara el capuchón. Y, él mismo, se debería sentir mejor como persona siendo congruente y dejar de jugar dos cachuchas.


Es Robledo, junto con los otros zapadores, ejemplo de lo escrito por Octavio Paz en El laberinto de la soledad:


“… un ser que se encierra y se preserva: máscara el rostro, máscara la sonrisa. Su lenguaje está lleno de reticencias, de figuras y alusiones, de puntos suspensivos; en su silencio hay repliegues, matices, nubarrones, amenazas indescifrables… En suma, entre la realidad y su persona se establece una muralla”.


Sería sano para estos políticos empezar por ser íntegros.


Quitarse las máscaras, pues.



Este artículo fue publicado en La Razón el 6 de marzo de 2017, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.

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