El tratamiento informativo de los medios sobre las noticias de violencia de género incide directamente en cómo la sociedad percibe los delitos. Si se utilizan atenuantes lingüísticos u operaciones discursivas para suavizar realidades o para no comprometer al periodista variará la forma en que la sociedad se enfrenta luego al problema.
Por eso es muy importante llamar a las cosas por su nombre. Si hay definido un problema estructural específico de violencia contra la mujer el lenguaje usado para acotarlo puede y debe ser también distintivo y fiel a los principios de protección de todo un colectivo.
Cuando un medio no pone énfasis en el crimen machista no solo se ofende la memoria de la víctima o a la de sus familiares, ofende a todo un colectivo en riesgo por esa misma violencia. Los crímenes machistas no deben ser crónicas aisladas en la página de sucesos del medio, es violencia estructural y así hay que advertirlo cuando se hable de él.
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