La situación de los periodistas en diversas regiones de México es dramática. No exagero: según reportes oficiales –del gobierno federal, la CNDH y Organismos No Gubernamentales- los profesionales de la información viven bajo el desdén de las empresas donde trabajan en condiciones laborales adversas, el amago de los gobiernos locales y las amenazas del crimen organizado. Además, la denuncia de esto se encuentra determinada según cálculos políticos.
Hoy, Héctor Aguilar Camín afirma en Milenio que la solidaridad del gremio periodístico con Héctor De Mauleón brilla por su ausencia; en efecto, organismos como Artículo 19 y, en general, los colegas, no han sido solidarios. Pero ocurre lo mismo con Aguilar Camín o Nexos y la editorial Cal y Arena, que no han difundido algún reporte pormenorizado sobre las agresiones y los asesinatos que han sufrido nuestros colegas en los últimos años (en etcétera publicamos reportes puntales cada tres meses en promedio sin distingo de ninguna especie). Y ese es el punto, creo: el historiador advierte una omisión de la que él mismo participa, sólo aborda el (repudiable) acoso contra su compañero de trabajo pero hasta ahora no ha denunciado el estado de la cuestión en Veracruz, Guerrero, Tamaulipas, Chihuahua…
La situación de los periodistas en distintas regiones del país es dramática, también porque se encuentra sujeta al cálculo político faccioso.
