La eterna crisis del periodismo

En otras ocasiones hemos aludido a la crisis por la que atraviesan los medios de comunicación mexicanos, algo acerca de lo cual muchos periodistas pueden dar testimonio de primera mano, aunque se trata de un tema que no es nuevo ni exclusivo de nuestro país, pues estudiosos de otras latitudes apuntan a que dicha crisis existe desde hace mucho, tanto que se puede hablar que ya es eterna.

Constantes

Hablar de crisis en los medios y en el periodismo –que aunque pareciera no es lo mismo, a pesar de compartir elementos que explican esta situación–, es un asunto del que ya se ha escrito mucho, pero sin llegar a algún lado.

Desde principios de siglo se habla de cómo Internet va a sustituir a los medios tradicionales –prensa escrita, radio y televisión–, pero vemos cómo esta tecnología ha complementado a lo impreso y a las ondas hertzianas. Otro tanto sucede con la predicción de que el papel como soporte de medios informativos pasará a la historia, aunque se sigan imprimiendo periódicos, revistas y libros, incluso surgiendo nuevos cabezales en el país como es el caso de El Soberano, un diario que se suma a Contraréplica en el catálogo de impresos periodísticos.

La llegada de la 4T con su exagerada política de austeridad no hizo sino profundizar una crisis que se venía dando, tanto por la disminución de las audiencias –en parte por la manera en que consumen la información las nuevas generaciones–, la irrupción de las redes sociales, pero sobre todo por la disminución de la publicidad del sector privado y la falta de adaptación de muchas empresas informativas a las nuevas condiciones que se han presentado en las últimas décadas.

Julia Cagé alertaba de este panorama en su libro Salvar los medios de Comunicación (Anagrama, 2016), proponiendo un nuevo modelo de propiedad que ayudará a resolver el tema del financiamiento.

En otro libro, el autor Ramón Reig nos habla de la Crisis del sistema, crisis del periodismo (Gedisa, 2015) de una manera más incisiva por tratarse de un periodista que ve peligrar su profesión.

“La crisis del periodismo está ahí, casi desde siempre, desde el momento en que los periodistas tropiezan con varias Pes; la P de propiedad de los medios de producción de noticias, la P de publicidad, la P de la influencia política, la P de producción de la noticia sobre la base de redacciones pasivas a las que ‘se les olvida’ salir a la calle a buscar noticias propias y transgresoras. La P de públicos que van buscando aquello que desean oír y no aquello que sucede. Y la misma P de periodismo en forma de periodistas más cercanos a sus empresas y a lobbies de poder que al periodismo”.

De acuerdo a Reig, la crisis económica por la que atraviesan muchas empresas de medios, solo es algo que se suma a la crisis que vienen arrastrando.

En México es claro que sí los medios nacionales tuvieran buenos cimientos, fuentes de financiamiento diversificadas y proyectos para atender a sus audiencias, la llegada del actual gobierno federal, su larguísima curva de aprendizaje y su política de austeridad no los hubiera afectado, pero un breve recuento nos ofrece cifras de disminución de ingresos –ahí está Televisa como botón de muestra–, despidos, reducción de tirajes, cierre de programas, cambios radicales en políticas editoriales y alianzas inesperadas.

Incluso los partidos políticos han dejado de lado el impulso que antaño daban a sus militantes para que ingresaran como articulistas a ciertos medios, o han dejado morir a sus órganos de difusión –como es el caso de la revista La Nación del PAN–, en beneficio de unas redes sociales poco institucionales y más dedicadas a ofrecer las actividades de sus líderes.

Así, el periodismo en particular y los medios de comunicación en general siguen atrapados en una crisis que es mundial, con públicos que se reducen o cambian sus rutinas para informarse y problemas para encontrar fuentes de financiamiento. Pero en cuanto presentan una información, en forma de revelación de actos de corrupción por ejemplo, vuelve la atención y resurgen los deseos para que ese periodismo regrese al papel que la sociedad le tiene reservado.

Quizá todo se reduce, como apunta Ramón Reig en su libro a que “la verdadera crisis del periodismo deriva del hecho de que el Periodismo lleva decenios alejándose de las angustias reales de los ciudadanos porque ni los representa ni está con ellos, sino que ellos son clientes más que personas con problemas frente al poder, ésa es la crisis del periodismo, lo otro es la crisis de un sistema que no sabe aprender de sus crisis”.

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