Chuck Berry marcó la historia cultural de la segunda mitad del siglo XX. No solo ayudó a situar la guitarra eléctrica como instrumento central de la música popular; también definió los parámetros de la experiencia juvenil en términos que se harían universales (los coches, los primeros amores, la incomodidad con el mundo adulto, la búsqueda de la liberación laboral). Sus hijos espirituales son tanto los Beatles o Springsteen como los personajes de American Graffiti o Pulp Fiction.
Su biografía se escapa de los tópicos de la música afroamericana. Nacido en 1926, en San Luis (Misuri), creció en un confortable hogar de clase media, alejado de las peores manifestaciones de la segregación racial. Sin embargo, Charles Edward Anderson Berry tiró por el lado salvaje. En 1944, armado con una pistola, robó varias tiendas y secuestró un coche. Pasaría los tres años siguientes en un reformatorio: todavía era menor de edad.
Tras casarse en 1948, se buscó la vida por métodos legales. En los primeros años cincuenta, alternaba labores de esteticista con la música. Entró en la banda del pianista Johnnie Johnson, pronto en un proyecto personal. Aspiraba al éxito de un Nat King Cole pero había una traba: su instrumento era la guitarra eléctrica. Y la música negra de aquella época estaba dominada por pianistas y saxofonistas.
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