Así hablaba en su mañanera hace un par de días el presidente López Obrador sobre su entrevista con John Micklethwait, editor en jefe de Bloomberg; dejaba en claro que para él los “expertos”, o al menos muchos de ellos, ni son de fiar ni serán el soporte de la Cuarta Transformación.
No es nada nuevo. El menosprecio a los expertos parece contagiarse en el mundo, su ataque constante basado en la víscera política sobre el razonamiento lógico ha provocado grandes desastres, por ejemplo, el del Brexit en Gran Bretaña que hoy lleva al Trump Europeo al máximo poder del país en la figura de Boris Johnson.
Johnson y su salvaje estilo ha mermado la confianza de inversiones en Inglaterra; desde su triunfo en las elecciones, la libra esterlina ha tenido malas rachas, algo que, de alguna manera, se veía venir.
Sin embargo, ni la economía ni la política inglesa pueden compararse a la situación mexicana. Lo que para ellos puede ser una borrachera populista que les traerá una resaca por algunos años, aquí puede significar tirar décadas de modesto, pero constante, desarrollo al caño.
Ayer, el presidente se ufanó de los agoreros del desastre que veían una recesión económica dados los pronósticos de decrecimiento en el segundo trimestre del año.
Los expertos basaron sus pronósticos en la caída de la actividad industrial y la enorme desconfianza que el presidente y su transformación genera entre los dueños de grandes capitales, que prefieren buscar oportunidades de negocios en otros lares más estables y predecibles.
Y los expertos no fallaron por mucho, había, por ejemplo, quien preveía una caída de 0.1% en el PIB para el 2T, al final la cosa quedó un incremento de 0.1%.
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