La señora Alejandra Barrales fue exhibida hace unos días por ser propietaria de una costosa propiedad en Miami, lo que le implicó otra crisis interna y de credibilidad al partido que dirige, no obstante, la política perredista intentó eludir su responsabilidad y criticó a los filtradores de la información sobre su departamento. Y hoy mismo presentó su solicitud para incorporarse otra vez al Senado de la República importándole poco que, según los estatutos del PRD, ella no puede ser legisladora y dirigir al partido simúltáneamente:
"Artículo 111. No podrán ocupar la Presidencia ni la Secretaria General, ni ser parte del Comité Ejecutivo Nacional o Comité Ejecutivo Estatal o Municipal, aquellas personas que tengan un cargo de elección popular o en mandos superiores de la administración pública salvo que soliciten la licencia respectiva".
Por ello es que la solicitud de la señora Barrales al Senado implica su renuncia como líder del PRD (aunque le hubieran dicho lo contrario sus asesores) y su resistencia le implica una situación aun más difícil para el partido. Ella debe renunciar, y eso es lo menos que debe hacer. Creo incluso que ella nunca debió ocupar el cargo, como lo expuse en su momento, no sólo por la precariedad ética relacionada con sus propiedades sino porque jamás, en toda su carrera, ha planteado una idea consistente que la hiciera sobresalir precisamente como lo que se ostentó, una líder. Ella es ahora un botón entre los más visibles pero tales inconsistencias se encuentran en todos los partidos políticos mexicanos; también por eso se abren paso los discursos antisistema.
