Los encuestadores mexicanos han fallado sistemáticamente en el pronóstico o predicción de los resultados de las elecciones desde hace varios años. A menudo observamos que para la misma elección, casas encuestadoras muestran candidatos distintos con ventajas por encima del margen de error. Los sesgos o diferencias de los números de la encuesta respecto del resultado final han estado asociados con las casas encuestadoras en general y, como recientemente se ha demostrado, también con candidatos y partidos en particular. No obstante, la razón principal que utilizan los encuestadores en México para justificar sus fallas se deriva de la sobreregulación a la que, argumentan, está sujeta su profesión.
Además de culpar a los electores, quienes según los encuestadores mexicanos no contestan adecuadamente, prefieren omitir su respuesta o, incluso mienten, usualmente los encuestadores han adjudicado sus errores a las reglas que limitan la publicación de encuestas previas a los procesos electorales y a las restricciones de publicar información en las encuestas de salida. No obstante, la sobreregulación de la publicación de encuestas ha sido consecuencia de dos procesos simultáneos: la sobreexposición de los propios encuestadores como actores políticos durante procesos electorales, y la ausencia de rigor científico en la publicación de sus encuestas y la disponibilidad de los datos para posterior análisis por parte de académicos y especialistas.
Más allá de si los encuestadores se equivocan nuevamente en 2015 en sus pronósticos del resultado final de la elección, o incluso si terminan declarando que sus números no son predicciones pues sólo son una “fotografía” del momento del levantamiento de la encuesta (aunque posteriormente se promocionen en el mercado como la encuestadora que más se acercó al resultado final), hasta la fecha los encuestadores en México han fallado más veces de las que han acertado y, una vez más, reciclarán sus justificaciones. Una de las implicaciones más importantes del círculo vicioso del desempeño de los encuestadores tiene como consecuencia que la regulación de las encuestas en México haya desviado la utilidad de las encuestas como una valiosa pieza de información dentro de las campañas políticas.
