Etcétera

La beca del FONCA: otra arma caliente

Como cada año, la polémica por las becas del FONCA ha comenzado.

Los que no obtuvieron el privilegio de recibirla, trinan de coraje y despotrican contra los que salieron en la esperada lista.

¿Quién merece la beca?

¿Quién no la merece?

¿Quién es tan justo para decidir si xo yes el mejor candidato?

Es difícil dar una opinión objetiva al respecto, ya que intervienen muchos factores. En el caso de los que observamos el zipizape tras el burladero, las emociones y la amistad pueden pandearnos hacia alguno de los dos extremos. Por ejemplo: me da gusto que mi amigo Pedro Ángel Palou haya obtenido la beca. Palou es, como ya lo dije, un amigo cercano, y por lo mismo me alegra la noticia. Esta situación, a todas luces, es especial y de ninguna manera me considero apta para calificar de buena o mala la decisión de los organizadores, pero lo que sí sé es que Palou responde al trabajo por el que “se paga” en el FONCA. Es un escritor disciplinado, gran lector, y algo más: a su casa editorial (Planeta) le deja jugosos dividendos.

Ojo: los libros también son una empresa, el escritor vive o desea vivir de sus publicaciones y miente el que diga que no es regocijante ver que miles de personas leen y COMPRAN tus libros. Lo importante de este tipo de apoyos es que en el tiempo en el que se reciben salgan libros de calidad… ¡malo si le dieran la beca a Gaby Vargas o a Jordi Rosado!

Cuando uno quiere alguien, es muy difícil fungir como árbitro. Por eso no lo intento, y bueno… nunca me he visto en tal encrucijada. Por eso también al revisar la lista de los ganadores de la beca, me dio gusto que Alberto Ruy Sánchez apareciera en ella. Y es lo mismo: admiro y quiero a Alberto, y en el fondo sé que el dinero que recibirá es un aliciente para continuar con su escritura.

Pero el clamor popular repela a gritos: ¿Cómo estos escritores, que tienen una carrera consagrada (por así decirlo), le roban la oportunidad a los nuevos valores?

Y los tildan de vividores, de mamar de la teta de la gran vaca que en lugar de dar leche, emana becas…

Ahora me voy al otro extremo…

Hoy por la mañana, David Miklos puso en su estado de Facebook: “No beca, no cry: a escribir”.

No tengo el gusto de conocer a David en persona, pero somos amigos “del Feis” y he leído un par de libros suyos. ¿Se merecía la beca? Sí… o no. Lo mismo puedo decir de Sandra Lorenzano, que sí apareció en la lista y en el mismo espacio virtual escribe con respecto a las criticas: “Jo’ cuánto envidioso mala onda anda suelto por facebook estos días”.

Y en ambos casos las respuestas de sus respectivos seguidores se convierten en mini guerras con tal de satisfacer los egos del que ganó o perdió.

Pero acaso “perder” una beca significa una real derrota.

Considero que no. Simplemente el que participa y no es favorecido de alguna u otra manera se desalienta y pierde la fe en las instituciones.

Elmer Mendoza también se lleva la beca este año. ¡Bravo! Es un escritor sumamente serio y meticuloso. No es una “rockstar” de las letras mexicanas, pero sí es uno de los más grandes en la actualidad. ¿Merece la beca? ¡Claro! A pesar de que es un escritor que cualquier editorial se pelee por publicar.

Como Ruy, como Lorenzano, como Palou.

Habrá a quienes nos les guste su escritura y avienten piedras argumentando que “Palou ha tenido unos puestazos y pobre no es” o “Ruy se lo vive viajando y es una especie de dinosaurio en el kinder”, o “Las becas son para escritores que no pueden costear su profesión y han tenido que talonearle por otros lados para poder publicar”.

Y también son válidas estas reflexiones, pero hay que recordar que en México (y en la mayoria de los países del mundo) no existen escritores “ricos”.

El único cheque en blanco que otorga la escritura se lo han llevado las viudas y los herederos de los “más grandes”, dígase Marie Jo Paz, Silvia Lemus, Mercedes Barcha o no vayamos lejos: Carolina López (viuda de Bolaño), quien ha disfrutado de la gloria que el “infra” mayor nunca pudo gozar en vida.

Algo es claro: cuando se trata de dinero, las cosas se pervierten y las falsas amistades quedan al descubierto. Es un tema delicado…

Otro ejemplo:

Hace dos años, ya en el peñanietismo, el poeta Sicilia ganó la beca FONCA. Un reconocimiento que, queramos o no, es subsidiado por el gobierno…

¿Qué pasó con el repudio hacia las instituciones que Sicilia pregonaba en la época de Calderón, donde desgraciadamente perdió a su hijo?

El poeta recibió su beca. ¿Debió rechazarla para ser coeherente?

Tal vez sí, porque la violencia ha continuado aun con la salida de Calderón, y el crimen organizado no leva anclas.

Pero Sicilia es un poeta, y de la poesía es muy difícil sostenerse…

Para concluir:

Yo soy escritora (o pretendo serlo). Nunca he metido mis papeles para participar por una beca. ¿Por qué? Lo más probable es que sea por decidia, o quizás por el miedo de que llegue el día “D” y no aparecer en la lista.

¿Y qué pasaría entonces?

Soy humana, soy ególatra. Creo que trabajo mucho mejor que otros (como todos pensamos eso de nosotros mismos), así que seguramente despotricaría, arremetería contra las instituciones, tiraría mala leche y lapidaría a los que ganaron sacándome de la manga los peores argumentos para defenestrarlos: “que si están viejos, que si son chafas, que si no son “intelectuales”, que los lugares estaban dados, que si la burocracia cultural…”.

¿Y si ganara?

La verdad sería un aliviane (además de una medallita a mi ego), pues yo como la mayoría de los escritores no soy “gente pudiente”. Hago trabajos “extra” en revistas y periódicos para sostener mi barco.

Imagino que si meto mis papeles para concursar el año que entra, seguiré en lo mío (un libro de relatos), y si llegando el día “D” resultara favorecida, ya imagino la lluvia de insultos: “se las ha de haber dado al del FONCA (las nalgas, obvio) porque es una pésima escritora” (mínimo), y pasaría a engrosar las filas de aquellos a los que los resentidos llaman “vividores”.

Pero habrá también gente a la que le dé gusto, como en mi caso (y desde aquí una sincera felicitación a los ganadores).

Nada nuevo bajo el sol.

La becas son también armas calientes.

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