¿Antisistema? ¿De verdad?

No nos llamemos a engaños. Tampoco habría que dejarse engañar: ninguno de los hombres y mujeres que con la bandera de ser “antisistema” están llegando al poder en cualquier país del mundo… o están por llegar, es antisistema. En realidad quieren implantar otro sistema.


Nadie que quiera gobernar es antisistema. En la política reciente de la región, por ejemplo, el militar golpista Hugo Chávez llegó al gobierno de Venezuela en 1998 con ese cartelito, mareó a los electores y, a su muerte, en 2013, ya había implantado un sistema de presidencia vitalicia para su persona.


El sistema del “antisistema” Chávez le permitió heredar el poder a quien le dio la gana antes de expirar y se apoderó del control electoral con el chantaje a los trabajadores del Estado, que en 14 años aumentaron de 800 mil a 2.4 millones.


Su “antisistema” se basó en crear necesidades en las clases medias y bajas para manipularlas: instauró el “sistema chavista”, un tipo de totalitarismo imposible de establecer sin una policía política, una especie de Gestapo, basado en campañas polarizadoras de odio al más puro estilo fascista.


¿Cómo dejó el sistema del “antisistema” Chávez a Venezuela? Con la mitad del país pidiendo la cabeza de la otra mitad y con uno de los mayores desastres económicos en la historia del mundo, al gastar en dádivas en sólo 14 años más dinero que el que gastó en sus 175 años de independencia.


Trump tampoco es un antisistema. Usa esa carta para imponer su sistema sobre quienes se sienten desencantados por el que es diferente al suyo, que se basa en el autoritarismo sobre los tres poderes de la democracia, en la fobia de los blancos hacia todos los otros y en la falta de libertad.


El sistema del “antisistema” Trump está contra la igualdad ante la ley, la separación de poderes y la libertad religiosa, tres pilares sin los cuales Estados Unidos dejaría de ser el Estados Unidos actual para convertirse al sistema diseñado por Trump.


En México, AMLO representa al “antisistema”, aunque proviene del sistema actual. Es como el elitista y antes pro sistema Sarkozy, en Francia, quien quiso regresar a la presidencia este año diciendo que “habla a los franceses de las cosas de cada día”, frente a “una élite a la que todo le va bien”.


El “antisistema” AMLO, quien como militante de lujo escribió el himno del partido al que considera hoy “el sistema”, promete un país recto, austero, donde existan el bienestar material y el bienestar del alma para la felicidad de todos. Ése sería el sistema de AMLO. El paraíso en México.


¿Qué cree la gente? ¿Que con los antisistema no hay sistema? Pues claro que hay sistema: Uno peor.



Este artículo fue publicado en La Razón el 8 de febrero de 2017, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.

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